Se inclina hacia la fantasía en sus momentos heroicos, pero está arraigada en la verdad sobre la guerra, la brutalidad y la libertad. Una vistosa película palomitera con conciencia social.
Un spin-off crepitante e ingenioso. La serie logra encontrar su equilibrio con rapidez. No todas las series se prestan a la clonación, pero las cualidades esenciales de Ley y Orden parecen diseñadas para ello.
Mejor de lo que sugiere su premisa. El director y guionista Richard Tanne toma una idea que parece mala y la transforma en un romance hábilmente desarrollado y bien ejecutado, logrando que sus clichés resulten creíbles.
Miller-Costanzo, a través de escenas agudas, hace que estas historias comunes resulten frescas y reales. Los adultos del reparto tienen tantos matices y son tan creíbles como el guion.
Aunque nunca alcanza el nivel de frescura o impacto que podría haber tenido, es una película agradables y encantadoras al estilo de Barry Levinson. Justo cuando parece que se sumerge en un exceso de sentimentalismo, logra detenerse y cambiar de rumbo.
Aunque le falta ambición para transformar su trama predecible en algo innovador, logra evitar la habitual autocomplacencia moral y los estereotipos. Se disfruta con facilidad.