El libro es una obra literaria refinada, mientras que la película se asemeja a una narrativa ligera a la que se puede acceder fácilmente: es entretenida, pero a menudo parece una serie de televisión.
La directora Amy Rice no logra capturar la misma autenticidad que en su anterior documental. En varios momentos, el guion se siente torpe e inapropiado.
Esta adaptación inteligente y bien interpretada es quizás excesivamente elegante, con muchos sombreros, calzones y camisas adornadas; sin embargo, logra capturar perfectamente el espíritu de la novela.