Ahora Jack parece más una figura rutinaria que un ser humano. Su historia, aunque aborde el mismo terreno que la original de 2003, carece de la chispa y el espíritu que caracterizaban a esa película.
Demasiado larga y demasiado ensimismada en sus numerosas artimañas para darse cuenta de que pierde el norte. Pero Jack coge el timón y corrige el rumbo, ayudado por el talento de Verbinski para la comedia de acción.
No es el drama histórico que uno podría anticipar de Scott, aunque esto no es necesariamente negativo. Su enfoque de triple perspectiva puede poner a prueba la paciencia del espectador, pero al menos otorga la última palabra al personaje adecuado.
Una visión interesante de una historia conocida y un encomiable acto revisionista, aunque finalmente no ofrece lo que promete. Phoenix no está convincente en el papel de Cristo.
Gomez-Rejon conserva el estilo visual que mostró en 'Me and Earl'. Sin embargo, es una lástima que la narrativa no sea más directa, prefiriendo en su lugar utilizar diferentes puntos de vista.
Aunque la última explosión cinematográfica de superheroísmo está casi molestamente enredada en sus hilos narrativos, es genial ver que también es en gran parte, una película de Sam Raimi.
Una incorporación interesante al género del terror para toda la familia. Ofrece el atractivo visual de las aventuras de los años 80 de Amblin, aunque no logra capturar su singular estilo narrativo.
A pesar de su ambición estilística y de sus intentos por reflejar elementos contemporáneos, 'Robin Hood' no logra convencernos debido a la falta de coherencia en su narrativa.
Adulta pero no demasiado seria, repleta de acción sin caer en lo juvenil. No solo es la película de Robin Hood, sin melena, que hemos estado esperando durante décadas, sino que también se trata del trabajo más entretenido de Ridley Scott y Russell Crowe desde Gladiator.
Una alentadora puesta en escena pronto desciende hasta convertirse en un sucio embrollo, dejándote con las ganas de haber preferido ver de nuevo 'El nombre de la rosa' en su lugar.
Un retrato afectuoso pero implacable. Este enfoque con varias perspectivas resulta valioso. Las entrevistas de Matthews son tanto reveladoras como emotivas.
Violenta, tonta, vergonzosa, torpe y confusa. Atrae a un público juvenil y, en ocasiones, resulta ofensiva. Sin embargo, hay momentos en los que logra ser un poco divertida.
Nunca aburre. Está interpretada de forma atractiva por un reparto que incluye a Sienna Miller, Sam Worthington y Luke Wilson, y también está magníficamente montada.