La película parece optar por un enfoque superficial y simplista, dando la impresión de que sus creadores no creen que el público pueda conectar con una narrativa más profunda.
Perkins busca emular el estilo visual de Hitchcock, aunque gran parte de la película carece de un enfoque estilístico definido. Sin embargo, destacan dos actuaciones que aportan una profundidad y sutileza poco esperadas.
Es material propio de un cómic, reforzado por la actuación de Chong como auxiliar de vuelo, quien con sus comentarios sarcásticos aporta un toque humorístico a la excesiva acción.
Aunque es ágil y constantemente ingeniosa, presenta más fallos en comparación con otras obras de Hitchcock de su tiempo, ya que no consigue establecer una conexión temática entre sus creativas secuencias.
La Lady M de Jeanette Nolan resulta ser un intento fallido. No obstante, hay una energía notable en esta interpretación cruda y veloz; la rapidez del ritmo aporta una calidad de delirio abrumador.
No es solo la mejor película de Visconti, sino una obra que trasciende a su creador, logrando una sensibilidad y una inteligencia que no están en sus otras películas.
Rodada en extensas y sorprendentes secuencias, esta película logra capturar una poesía excepcional en los más sutiles movimientos de cámara, representando un claro ejemplo de la expresión en el cine.
Es el primer ejemplo de la propensión de Huston a sacrificar la humanidad de sus personajes por ángulos de cámara artistoides y composiciones distendidas.
Posiblemente sea la mejor adaptación de la novela de Hugo. Esto se debe en parte a que Bernard logra evitar referencias literarias; la película transmite su esencia de manera enérgica a través de las actuaciones y su estilo visual.
Una decepción, pero sólo en función de los estándares elevados que Carpenter ha establecido para sí mismo. Es un fracaso, pero en la dirección correcta.