El guión de Graham Greene se enfoca en el momento en que un niño se enfrenta al pecado por primera vez, pero la visión del niño queda relegada a un segundo plano, priorizando estructuras de suspense comunes y un desenlace de novela policíaca que resulta predecible.
Al final, no se centra en la atracción entre dos individuos, sino en cómo el espectador se enamora de la imagen y en las complejas interacciones que ocurren entre el público y la pantalla.
Tomei logra una actuación impresionante, destacando por su claridad y viveza. Su papel seguramente dejará una huella más profunda que la propia película.
Aunque es claro que la película busca ser honesta, se siente más como un reconocimiento modesto de errores que como una crítica a la falta de responsabilidad tanto intelectual como creativa.
El salvaje español Alex de la Iglesia presenta una comedia sentimental que explora el reencuentro de un niño con su peculiar abuelo, ofreciendo una trama que, aunque sorprendentemente bien ejecutada, no logra alcanzar las expectativas esperadas.
Una película de Woody Allen que resulta aburrida y tediosa. A pesar de su intento por replicar el estilo confesional de '8½', esta obra de 1980 se siente como un interminable torrente de veneno.
Esta obra maestra de 1938, dirigida por Howard Hawks, invita a disfrutarla no solo por sus gags, sino también por la elegancia de su construcción, un estilo seguro y una complejidad temática rica.
Garbo encarna a la perfección la sofisticación y el estilo elegante del director Ernst Lubitsch. Los protagonistas viven en un ambiente de gracia y naturalidad que desborda la esencia emocional de Lubitsch.