Al igual que el personaje principal, la película se aventura por la carretera sin una meta clara. La creatividad intensa que caracteriza sus inicios se transforma en una tensión extraña hacia el final.
Una de las primeras películas sobre un robo, este largometraje de 1950 contribuyó mucho a la esencia del género por su observación meticulosa del plan y la ejecución.
Bresson creó esta impactante obra en 1959, considerada una de sus películas más destacadas y auténticas, rebosante de transgresión sutil y momentos de inesperada belleza.
Establece un ritmo predecible de escenas de acción que son excesivas e incongruentes, seguidas de momentos dramáticos que carecen de desarrollo y autenticidad. Hay mucho que observar, pero carece de emociones.
La película parece optar por un enfoque superficial y simplista, dando la impresión de que sus creadores no creen que el público pueda conectar con una narrativa más profunda.
Perkins busca emular el estilo visual de Hitchcock, aunque gran parte de la película carece de un enfoque estilístico definido. Sin embargo, destacan dos actuaciones que aportan una profundidad y sutileza poco esperadas.
Es material propio de un cómic, reforzado por la actuación de Chong como auxiliar de vuelo, quien con sus comentarios sarcásticos aporta un toque humorístico a la excesiva acción.
Aunque es ágil y constantemente ingeniosa, presenta más fallos en comparación con otras obras de Hitchcock de su tiempo, ya que no consigue establecer una conexión temática entre sus creativas secuencias.
La Lady M de Jeanette Nolan resulta ser un intento fallido. No obstante, hay una energía notable en esta interpretación cruda y veloz; la rapidez del ritmo aporta una calidad de delirio abrumador.
No es solo la mejor película de Visconti, sino una obra que trasciende a su creador, logrando una sensibilidad y una inteligencia que no están en sus otras películas.