En una historia de amor, si los protagonistas no encuentran la conexión, la trama pierde su esencia. Pero cuando sí lo hacen, como sucede aquí, todo lo demás pierde relevancia.
Se puede perdonar la participación del orangután, que no tenía idea del guion, pero ¿qué justificación tiene Eastwood? La dirección de James Fargo leave mucho que desear.
Las escenas de acción carecen de claridad en su montaje y la edición es poco cuidada. Es lamentable destacar que la actuación de Olivier no está a la altura.
Es la grabación de una asombrosa química musical que ha ido evolucionando, sin signos de calcificación, durante casi cinco décadas. Como extra, hay deliciosas apariciones como invitados de Buddy Guy y Jack White.
El director Ronald Neame, conocido en el pasado por su talento, parece haber optado por hacer que sus actores griten sin parar. El resto de la película se apoya en efectos especiales que no logran destacar.
La película se beneficia de un destacado elenco y una cinematografía sofisticada, mientras Hyams logra sostener la tensión desde el inicio hasta el final, a pesar de lo ilógica que pueda parecer la historia.