No hay nada que haga pensar al fan que Pixar es o ha sido el mejor estudio de animación del mundo. Aunque técnicamente es brillante, su hiperrealismo lo aleja cada vez más de las esencias de la buena animación.
Es probable que, dentro de un año, nadie se acuerde de ella y que ningún niño pida el muñeco, pero cumple su función: que, durante hora y media, seamos felices.
El humor resulta excesivamente infantil, y muchos de los diálogos y situaciones se sienten ya conocidos. Además, las múltiples tramas nunca logran cohesionar, lo que transforma esta secuela en una obra desarticulada. Sin embargo, es innegable que logrará cautivar a los más pequeños.
Un festín humorístico que se va reinventando sobre su frenética marcha. Carece de ambición artística, pero en su lugar ofrece un espectáculo chispeante y toneladas de buen rollo.
Esta cinta de animación danesa podría haber sido la feliz rareza que su prólogo, un musical moruno y simiesco hecho con tosca animación flash, insinuaba, pero que finalmente no lo es.
Imaginativa pero fallida película con discutible visión del autismo. El arranque es lento, el desarrollo torpe y cuando los protagonistas echan a volar ya es demasiado tarde.
Se trata de una comedia de fórmula, sí, pero que alberga inteligencia y profundidad suficiente para trascender la etiqueta teen. Efron se confirma como un carismático comediante.
Chispeante amoría a tres bandas, el bombón de la temporada. Grandiosa Frances McDormand. Con un arranque cuyo 'timing' hubiera aplaudido 'Billy Wilder'.