Inteligente y encantadora maniobra de amplio alcance hipster. Su director, ayudado por sus grandes dosis de talento cinematográfico, se ha sacado de la manga un inverosímil homenaje a la Nouvelle Vague.
Dirigida con gran elegancia y respaldada por un destacado elenco de actores, esta película se suma a los títulos que realzan el cartel de inspirados en hechos reales.
Posee un despliegue visual impresionante. Sin embargo, el resultado final se ve significativamente perjudicado por un guión que mezcla buenas intenciones con una ingenuidad infantil.
Con una mirada realista, bien documentada y honesta, la película se destaca por su alto ritmo narrativo, buena producción y una representación relativamente fiel de los hechos.
Una magnífica película de intrigas y conjeturas políticas que Nichols, con criterio, aliña con chispazos de humor que ayudan a digerir mejor una historia compleja.
Un film que no provoca ninguna reacción entre el espectador: ni miedo, ni sorpresa. Un guión conservador hasta el tuétano, una dirección plana y convencional, y un reparto muy perdido en el sinsentido general.
No tiene gracia. A pesar de que su historia presentaba atractivas posibilidades, resulta ser una película artrítica y farragosa que no logra aprovechar la siempre interesante presencia de su protagonista.
Brillante, dirigido y escrito con sutileza, libertad y una gran complicidad con los actores. Incluye gags convincentes, diálogos inteligentes y personajes sumamente sólidos.
Bajo su apariencia de film frívolo, se esconde una profunda y memorable reflexión sobre el desamor. Se presenta una historia rica en matices, que resulta sensible y emocionante.
La película tiene muchos aciertos. Sin embargo, el gran mérito de su director radica en el tono del film, que se mantiene equilibrado y demuestra preocupación por combinar su enfoque irreverente con una profunda ambición emocional.
Comedia eficaz y entrañable que viaja de la frivolidad a la trascendencia con oficio, elegancia y sensibilidad. Lo mejor: el humor negro con que se aborda el suicidio. Lo peor: la falta de profundidad de sus personajes.
Cine puro con trasfondo y poso documental. Lo mejor es la actuación de Bruno Ganz, quien representa a Hitler de manera impresionante. Sin embargo, el personaje de Tradul Junge, la secretaria, tiene un protagonismo excesivo.
Un digno blockbuster para aquellos que disfrutan del cine de acción sin prejuicios. Destacan su ritmo y producción, aunque su final resulta ser demasiado complaciente e ingenuo.
Una profunda reflexión acerca de la fragilidad de la memoria que retrata de manera magistral la soledad y el desencanto de sus protagonistas involuntarios.
El filme se adentra en el caos y la experimentación característicos de Miike, presentando una impressive dirección y un desarrollo dramático inquietante, así como una visión cinematográfica verdaderamente innovadora.