No alberga ninguna ilusión de que el hecho de arrojar una luz cruda sobre historias tan horribles sea suficiente para hacer del mundo un lugar mejor, pero nos deja con una visión imborrable de la oscuridad que les rodea.
Es una pena que 'Brian and Charles' opte por lo seguro, ya que el debut naturalmente irreverente de Archer se vuelve más interesante en sus momentos más extravagantes.
Una nueva comedia histórica repleta de estrellas, que es divertida en el mejor de los casos, perniciosa en el peor y frenéticamente autoinsistente en su insignificante valor como entretenimiento. David O. Russell ha vuelto.
Termina con un grito en el último acto, un demonio que no asustaría ni a un niño de parvulito y una abyecta falta de seguimiento emocional en todas las subtramas de la película.
Una de las historias iniciáticas más terrenales y disfrutables que jamás haya contado el estudio. También es lo más cerca que ha estado Pixar de capturar el espíritu de las películas de Ghibli.
Un 'quilt' ensoñador de historias sobre amor y sexo. Audiard sigue el rastro de un mundo feliz en el que los jóvenes luchan por establecer relaciones significativas, pero estas conexiones están basadas en arenas movedizas.
La mejor película de animación del año. Su animación merece ser celebrada, ya que se encuentra al servicio de una historia conmovedora que refleja la relación entre el miedo humano y el temor hacia la naturaleza.
Aunque su diseño es coherente y atractivo, el resto de la película se siente caótico. Los personajes no logran ser tan excepcionales como su apariencia sugiere.
Una obra modesta que gradualmente va cobrando emotividad. Sallitt emplea de manera efectiva el estilo DIY para detener el tiempo, revelando finalmente las grietas que existen entre sus dos protagonistas.
Divertida, sincera y dolorosamente agridulce. Es tanto un réquiem por las cosas que perdemos como un recordatorio mordaz de que en realidad nada nos pertenece. Una película difícil de olvidar.