Pese a que Besson manipula la cronología de manera torpe, al final brinda una ingeniosa y efectiva máquina para generar nostalgia, llena de adrenalina.
Nadie estaba pidiendo que un pequeño fragmento de la novela de Bram Stoker se convirtiera en un largometraje, pero sin duda es la contraprogramación con más clase y más espeluznante de finales de verano.
Parece que será solo otra película de acción más, pero cuando Gosling y Blunt comienzan a intercambiar miradas coquetas, a pelear y a lanzarse indirectas, la experiencia se transforma completamente. Te sientes como si estuvieras flotando en tu asiento, podría quedarme horas disfrutando de su química.
La película consigue mostrar a los espectadores que la lenta y constante profesionalidad de los periodistas de verdad que intentan la quijotesca búsqueda de ejercer el periodismo de verdad aún puede derribar a un gigante
Como retrato de una amistad puesta a prueba durante décadas de altibajos, éxitos y fracasos, mal comportamiento y perdón, se adentra en aguas profundas pero como representación de resiliencia del ser humano, solo se limita a dar testimonio.
Se expone lo que pasó, por qué pasó y por qué importó de la forma más amable para el público que se pueda imaginar, y luego se lleva todo ello a lo más alto.
Lo que hace que sea algo más que un simple biopic no es solo Pike, sino también el hecho de que Heineman muestra una empatía inusual hacia los entresijos de la profesión de Colvin.
Podría haber sido peor si no hubieran contado con el director Yann Demange. La película no ofrece una profunda reflexión sobre la lucha contra las drogas durante la época de Reagan.
Cuando Thornton logra revertir el enfoque misógino de la parábola bíblica que da título a la película, se puede sentir que el cine australiano ha hallado su próxima gran voz.
Equilibra lo bueno de su singular carrera como actriz, lo malo de su reputación y lo feo de sus luchas personales en un retrato encantador, aunque desigual.