El problema es que es demasiado equidistante y fría, invirtiendo mucho tiempo en secuencias irrelevantes y pasando de puntillas por asuntos de mayor gravedad.
Lafosse combina de manera brillante las perspectivas de la historia, llevando al espectador a cuestionar quién de los dos personajes es el verdaderamente enfermo.
La animación se sumerge en lo que busca criticar: la superficialidad y la trivialidad. Todo se consume en su intento por ser extremadamente ‘meta’ y dar la vuelta a la narrativa.
El verdadero momento mágico no le sucede a las niñas, sino que lo provoca Sciamma en el propio espectador. Emocionante y enternecedor viaje al corazón de la infancia.
La mera presencia de estos dos grandes actores, Hawke y McGregor, no es suficiente para mantener una película que carece de sustancia y cuyos momentos más impactantes se sienten forzados.