Minúscula pero satisfactoria, 'Good One' es una sólida tarjeta de presentación para el guionista-director y para el talentoso descubrimiento Lily Collias en el papel central.
Un relato bien construido. Los espectadores jóvenes disfrutarán su atractiva ética criminal, sus diálogos mordaces, su carismático reparto y su humor irónico.
Cautivadora. Aunque puede resultar complicado dejar de lado la incredulidad en los musicales de hoy en día, Grande y, sobre todo, Erivo logran sumergirnos completamente en la trama y en las vivencias de los personajes.
Este capítulo final de la trilogía ofrece una intensa catarsis emocional que complacerá a los seguidores de las entregas anteriores. Además, incluye un toque de humor entrañable que ayuda a equilibrar la sensación de melancolía.
Una continuación digna. Wright y Bassett brillan en esta secuela, mostrando personajes que se niegan a permitir que su dolor afecte su dignidad, mientras llevan con orgullo el legado de T'Challa.
Es una pena que se tome a sí misma tan en serio como para divertirse con el caos. Se distingue muy poco de la segunda saga de Marvel, y acaba siendo más de lo mismo.
La diversión brilla por su ausencia en la más reciente obra de Aja, que al principio resulta un tanto intrigante y ofrece algunos sustos, pero pronto se queda sin contenido.
La sexualidad, la maternidad y la lucha de las mujeres por encontrar su lugar en el ámbito laboral se entrelazan de manera notable en este profundo análisis de personajes. Como ópera prima, demuestra una ambición admirable.
Un retrato demoledor sobre el amor maternal que ofrece sorprendentes matices, manteniéndote cautivado por la historia hasta llegar a su Impactante final.
Impactante ópera prima. Proporciona un tipo de angustia que tiene menos que ver con las posesiones demoníacas y más con el traicionero poder de una imaginación salvaje.
'Joy' no es la obra maestra de la narración compleja, pero cuenta con la virtud de ofrecer una trama cautivadora que se destaca de la historia olvidada.
Su aspecto es sublime, con sus brillantes nubes de eléctricos colores, pero el intento de encorsetarlos en una narrativa típica de William James relacionada con los sueños y la memoria no tanto.
Ozon juega con las expectativas del público de manera magistral, construyendo un intrincado paisaje psicológico que se sostiene en una trama esencialmente simple y enfocada en dos protagonistas.