Lo que podría haber sido un viaje con baches se convierte en arcos narrativos más satisfactorios gracias a la dirección fluida de Vallée, el buen montaje de Jill Bilcock y Matt Garner y especialmente la banda sonora de Ilan Eshkeri.
Un tributo astutamente divertido, completamente original y de gran corazón al poder de los atributos básicos humanos como la memoria, el amor y el perdón.
Bertrand Tavernier transforma un tema que podría resultar sombrío en un homenaje a los valores comunitarios, ofreciendo una experiencia cálida, frecuentemente inspiradora y profundamente emotiva.
La película presenta ciertos momentos impactantes, sin embargo, las locaciones y su estilo visual agitado pueden llegar a incomodar a una buena parte del público.
La premisa sencilla se enriquece gracias a las sólidas actuaciones y a una travesía física que resulta más cautivadora que la profundidad emocional de los protagonistas.
La película resulta accesible en gran medida, gracias a la cautivadora actuación de Ewan McGregor y Colin Farrell, aunque no logra alcanzar un nivel de satisfacción pleno.
Una intrigante vuelta de tuerca al género policíaco británico que es más una serie de sólidas interpretaciones que un drama de personajes totalmente trabajado.
Un buen elenco con Charlize Theron y Kim Basinger acompaña una producción técnicamente destacable, pero al final resulta ser un ejercicio de guion que carece de conexión emocional.
La película establece claramente su identidad y se mueve con soltura en ella. La selección del elenco es sobresaliente, al igual que las actuaciones que ofrecen.
Retrato de una familia británica contemporánea que se aleja por diferencias generacionales, acaba siendo un brebaje incómodo de demasiados gustos y temas en competencia.