Una de las mejores entregas de la saga. El director maneja con destreza la admiración y la nostalgia, rindiendo homenaje a la franquicia y al cine del maestro sin recurrir a lo evidente o caer en sentimentalismos.
Película de aventuras clásica, sin pretensiones y bastante artesanal. A pesar de su agradable aroma añejo y su notable enfoque en una heroína contemporánea, en ocasiones resulta rutinaria y poco pulida en su ejecución.
El mejor blockbuster de la década. Matt Reeves transforma la tercera entrega de la franquicia en un espectáculo impresionante y completamente alejado de las fallas del cine de entretenimiento contemporáneo.
Es formalmente poderosa y alucinante, comedida en lo emocional y acertada en el humor. Su verdadera fuerza radica en el sentido del espectáculo y la maravilla que comparten Spielberg y Peter Jackson.
Michel Ocelot, conocido por "Kirikú y la bruja", explora la interacción entre las dos dimensiones y el 3D para crear un conmovedor tributo al arte de narrar historias.
Pierde su encanto cuando su director y sus guionistas optan por el camino fácil para buscar la complicidad del espectador, alejándose del maravilloso mundo fantástico que presentaban para coquetear con la actualidad.
De todas las decisiones que toma Fennell, la más importante y valiosa es la inteligencia y la ferocidad con las que se cuestiona la idea de la venganza como catarsis, mucho menos como cura.
La descripción y el desarrollo de los personajes son extraordinarios; el vaivén entre lo trágico y lo cómico es puro equilibrio; y la violencia está gestionada con maestría.
Un hermoso bloc de notas sobre la sexualidad femenina que impresiona por su vitalidad y está escrito desde una perspectiva corporal, mostrando una claridad y naturalidad poco frecuentes.
Hay algo bonito en la mezcla de afecto, comprensión y compasión con la que Casas se acerca a sus personajes. En contraposición, el guion está un poco a medio hacer.
Vale la pena sacudirse el 'déjà vu' y recordar lo dificilísimo que es encontrar historias tan bien enfocadas y contadas. Es un filme tranquilo y elegante, pero la verdad es que bulle por dentro.
No es una película perfecta; la dirección es bastante tosca y la interacción entre lo real y lo fantástico no siempre resulta efectiva. Sin embargo, a pesar de estas falencias, logra conmover gracias a la sinceridad que transmite la desolación de esos jóvenes frente a un mundo injusto, presentado de manera directa.
Para aficionados del cine social que no lo aparenta. Lo más destacable es su enfoque equilibrado entre el thriller y la crónica realista. Sin embargo, su mayor defecto radica en la confusión entre la concisión y la simpleza.
Tiene un arranque simpático. Sin embargo, la situación se complica cuando la película intenta volverse seria. Sus responsables se enfocan en intensificar el drama e intentan, sin éxito, mitigar los clichés presentes en la historia.
Se distingue por su claridad y por no temer la dilación, ya que no hay tantas películas que exploren la maternidad de una forma tan seria, sólida, bella y alejada de juicios y lágrimas.
García busca ir más allá del personaje y crear una narrativa más profunda, pero no logra hacerlo con éxito. Las conexiones entre los personajes no están bien desarrolladas y algunas resoluciones parecen forzadas.