Aparentemente, Allen ha perdido su deseo de comunicarse de manera cercana con su audiencia. Lo que solía ser un ingenio agudo, lleno de diálogos profundos y complicidad, ha sido sustituido por un leve reflejo de lo que solía ser.
Demuestra lo que mejor sabe hacer el guionista y director Levinson: evocar las imágenes, los olores y la atmósfera de su juventud con inteligencia, humor y un agudo sentido de la perspectiva social.
Aunque no se puede calificar como un rotundo fracaso, tiene tantos agujeros negros a nivel creativo que al final tendrás que considerar los pros y los contras antes de realizar este viaje.
Puede presentar una moralidad ambigua y un tono pesimista que podría resultar inquietante, pero al mismo tiempo encarna un enfoque profundamente humanista.
El propósito principal de una comedia es hacer reír. Si logra provocar risas, podemos decir que ha cumplido su función. Por lo tanto, no vamos a considerar que esta obra será analizada en clases de cine.
Reilly y Luna tienen una conexión muy interesante. Reilly, reconocido por su destacado trabajo en el cine independiente, presenta un personaje que muestra un cansancio del mundo que lo rodea, resultando ser tanto manipulador como encantador de una manera astuta.
La narrativa se desarrolla de forma tan pausada y predecible que no requiere dedicarle demasiado tiempo, ya sea en la sala de cine o en la comodidad de tu hogar al ver el video.
En sintonía con las normas de Smith, resulta irreverente, autorreferencial, retorcida, de bajo presupuesto y de mal gusto. Y, de hecho, eso constituye su mayor mérito.