Sostiene siempre la tensión y propone una contundente alegoría sobre la era Trump. Es una combinación de cine de acción y terror sádico, además de ofrecer una crítica política incisiva.
En gran parte de la historia se percibe una "verdad" y una profundidad emocional que son difíciles de encontrar en el cine actual al abordar el tema del tiempo.
Cuando se pensaba que el cine argentino había superado sus momentos más vergonzosos, esta película de Ledo nos lleva de vuelta a lo más negativo del cine de los años ochenta.
La película logra crear un ambiente de claustrofobia y tensión, ofreciendo sustos y giros inesperados que la convierten en un acontecimiento artístico y comercial. A pesar de su bajo presupuesto, logra un gran impacto y resalta por sus facetas inteligentes y contradictorias.
Hay en 'Te veo' algo más que astucia e ingenio. Podría haber salido muy mal y, más allá de algunos convencionalismos y golpes de efecto, el resultado es positivo.
Esta megaproducción ofrece una experiencia llena de vértigo, adrenalina y tensión, combinada con el ingenio, carisma y encanto que caracterizan a la mejor tradición de Hollywood.
Todo ese meticuloso trabajo inicial sobre la compleja relación entre padre e hijo se pierde en la segunda mitad, que se convierte en una avalancha de pesadillas intensas y apariciones demoníacas que no enriquecen el imaginario visual.
Esta película presenta abundante sangre y vísceras, salpicada de humor negro y guiños a la cultura de los años 70, así como referencias cinematográficas. Sin embargo, no aporta novedades significativas en la filmografía de su director.
La elección de transformar el thriller psicológico en una especie de versión femenina de James Bond desvirtúa la auténtica esencia de una saga que alguna vez disfrutó de su esplendor.
Más allá de su esplendor visual, esta secuela no logra alcanzar los niveles de originalidad del aclamado filme de 2016. Su principal falla reside en una falta de audacia y sorpresa, dejando una sensación de mediocridad.
Se mantiene una sonrisa casi constante y surgen risas en los momentos más incisivos y crueles, aunque hay instantes en que los gritos generan más confusión e irritación que satisfacción.
Mantiene cierta tensión y suspenso, pero la apuntada manipulación hace que el público termine siendo una suerte de rehén de un guionista demasiado enamorado de su propio ingenio.
Comienza como una historia típica de college, resultando algo entretenida, pero finalmente se desliza hacia un psicologismo superficial que intenta justificar el desenlace.
Estamos ante una de las obras menos exitosas de Zvyagintsev, marcada por su dureza y una clara carga emocional. Su estilo, aunque inconfundible, puede resultar abrumador en esta ocasión.