Susanna White demuestra control y dirección en la película, manteniendo un ritmo adecuado a pesar de algunos deslices en la segunda mitad. Es una obra que cumple con las expectativas del género.
A pesar de contar con momentos impactantes y un espíritu provocador, 'Era uma vez Brasília' no alcanza el mismo nivel que las obras anteriores de Queirós.
La película evita caer por completo en una perspectiva moralizante, ya que los personajes descubren destellos de humanismo y dignidad durante su viaje por los oscuros abismos de su ser.
Trier envuelve la narrativa con una grandilocuencia y formalidad, especialmente en su uso de la voz en off, lo que resulta en una sensación de pretensión.
Un film de largo aliento, con una profundidad psicológica notable y algunas novedades que rompen con la solemnidad y sequedad que han caracterizado su cine, siempre riguroso e impecable.
Resulta un film estimulante y a la vez algo árido, parco, como su protagonista. La dupla Jacquot-Huppert sigue transitando nuevos caminos, probando, evitando las fórmulas y los lugares comunes.
No siempre logra transmitir la sutileza y los detalles que una propuesta de este tipo necesita, careciendo de una profundidad y credibilidad psicológica adecuadas.
Una historia quizás menos sutil y más marcada que obras maestras como 'Secretos y mentiras', pero conserva la capacidad de observación, un enfoque humanista, empatía y sensibilidad que siempre la han caracterizado.
Las sólidas actuaciones, la impecable producción y la ajustada puesta en escena hacen del film un entretenimiento tan efímero y superficial como decididamente eficaz.
Encuentra sus momentos más destacados al permitir que las escenas fluyan al compás de los padres, utilizando los silencios como un medio de expresión. Es un filme que impacta profundamente, dejando una huella en el alma y conmoviendo el corazón.