Una película que no se destacará por su innovación, pero que constituye un sólido producto que ratifica eso de que no hace faltan muchos recursos cuando hay buenas ideas y convicción para concebir una película eficaz.
Esta opera prima megalómana, artificiosa y deslumbrante resulta una verdadera rareza llena de hallazgos (y de tropiezos parciales) para no dejar pasar.
El resultado es una tragicomedia sobre la relación entre un veterano ilusionista y una adolescente, llena de belleza, lirismo y melancolía. Una joya de la animación.
Entre el thriller psicológico y el drama familiar, la película presenta rasgos perturbadores que, sin embargo, no son completamente explorados. A pesar de esto, mantiene el interés en la resolución.
Regala todos los mejores atributos de su cine: delirio, humor absurdo, virtuosismo formal y una infrecuente capacidad para seducir con un ingenio a lo Quentin Tarantino y entretener con nobles recursos narrativos.
Pattinson ofrece lo que posiblemente sea la mejor actuación de su carrera, imprimiendo un gran nervio y energía a un personaje en el que además resulta casi irreconocible.
Una narración tragicómica repleta de ingenio y sensibilidad. Se presenta como una propuesta audaz y provocadora, que refleja el espíritu libre de sus entrañables personajes.
Melancólica y minimalista, pero no por eso menos intensa y empática, 'Songs My Brothers Taught Me' ya muestra esa sensibilidad y capacidad de observación que luego Zhao profundizaría en 'The Rider' y 'Nomadland'.
Es siempre fascinante y por momentos demoledor para, en definitiva, un inteligente ensayo sobre los costos y sacrificios que conllevan la búsqueda de la perfección, de la excelencia.
Esta ambiciosa y pretenciosa fábula sobre la decadencia de una familia en una ciudad que se derrumba como Detroit, es una acumulación de excesos y artificios que bordean el ridículo.
Con elementos que lo vinculan a la filmografía de los hermanos Joel y Ethan Coen y a la de Jeff Nichols, esta es una oportunidad para descubrir a un director interesante.
Esta remake de Jim Mickle logra un infrecuente mérito al superar al original. Se sostiene gracias a las impecables actuaciones, así como a las citas literarias y a su logrado dispositivo visual, sonoro y musical.
La película resulta provocadora y genera una intensa tensión psicológica; sin embargo, el uso excesivo de la música y ciertos énfasis afectan negativamente su resultado final.
Un ensayo riguroso e inteligente sobre las muy diversas (a veces antagónicas) formas de lidiar con la pérdida, con la culpa, con esas cosas crueles y absurdas que no tienen explicación ni remedio.