Con un guión excesivamente calculado y forzado, la película minimiza los logros visuales y la habitual calidad de los actores. Aunque no es mala, tiene el potencial de ser mucho mejor.
Película sobre segundas oportunidades, que resulta algo obvia y predecible. Sin embargo, logra mantenerse gracias a unas simpáticas observaciones en la primera mitad, así como al carisma de Grant, aunque a veces parece operar en piloto automático.
Casi nunca logra la fluidez, la credibilidad y los climas necesarios para ser una buena película de aventuras para preadolescentes, lo que impide que se convierta en un entretenimiento verdaderamente estimulante.
Una mirada inteligente, minuciosa y rigurosa sobre la educación pública con el registro de un año lectivo en un tradicional colegio de la ciudad de Paraná.
Una dispar pareja que logra una comedia negra bastante efectiva. Esto es un gran logro en una época dominada por fórmulas predecibles, sagas y productos estandarizados.
Se trata de un salto de ese autor ultraindependiente como Dupieux hacia las grandes ligas de la industria audiovisual de su país. Y lo hizo sin perder audacia, irreverencia ni creatividad. Misión cumplida.
Se permite todo tipo de guiños cómplices, referencias, homenajes satíricos y juegos narrativos con muchos más logros que carencias. El resultado es un film tan lúdico como llevadero.
77 minutos que se disfrutan en su desparpajo, su ridiculez e incluso sus múltiples caprichos. Es lo que los fans de Dupieux esperan y agradecen. También es para destacar el hecho de que Dujardin se adapte aquí a la esencia y las exigencias de un director tan particular.
Resulta bastante divertida y llevadera. Y, si las risas escasean para el espectador, siempre estará la sonrisa de Rachel McAdams a modo de compensación.
Personajes que están siempre en los bordes, imponentes lobos y situaciones extremas tratadas con absoluta libertad y sin solemnidades conforman el universo único de uno de los directores más personales del cine francés.
Las tres horas de acción, un poco más que la duración de una película convencional, ofrecen algunas escenas inspiradoras y una narrativa dirigida por Jim Field Smith que destaca por su simpatía y fluidez.
Estamos ante un típico producto de Sandler, que resulta tan predecible como en ciertos momentos efectivo. La apreciación de la película dependerá de la posición del espectador; aceptarla o rechazarla es cuestión de perspectiva.
El diseño de producción y el uso de sofisticados efectos visuales, junto con las significativas contribuciones del director de fotografía coreano Chung Chung-hoon, aportan al film una espectacularidad que seguramente será apreciada por el público.