Esta quinta entrega de la saga automovilístico-policial se posiciona como la mejor de la serie. El filme invita a no tomárselo demasiado en serio y, a cambio, ofrece dos horas llenas de diversión.
'Yurt' termina trascendiendo y minimizando sus convencionalismos para convertirse en un agridulce retrato humanista y cuestionador de los odios, resentimientos, fanatismos y miserias que vienen marcado a la sociedad turca.
Casi nunca logra la fluidez, la credibilidad y los climas necesarios para ser una buena película de aventuras para preadolescentes, lo que impide que se convierta en un entretenimiento verdaderamente estimulante.
Una mirada inteligente, minuciosa y rigurosa sobre la educación pública con el registro de un año lectivo en un tradicional colegio de la ciudad de Paraná.
Se trata de un salto de ese autor ultraindependiente como Dupieux hacia las grandes ligas de la industria audiovisual de su país. Y lo hizo sin perder audacia, irreverencia ni creatividad. Misión cumplida.
Se permite todo tipo de guiños cómplices, referencias, homenajes satíricos y juegos narrativos con muchos más logros que carencias. El resultado es un film tan lúdico como llevadero.
Personajes que están siempre en los bordes, imponentes lobos y situaciones extremas tratadas con absoluta libertad y sin solemnidades conforman el universo único de uno de los directores más personales del cine francés.
Estamos ante un típico producto de Sandler, que resulta tan predecible como en ciertos momentos efectivo. La apreciación de la película dependerá de la posición del espectador; aceptarla o rechazarla es cuestión de perspectiva.
En el transcurso de la trama, hay momentos que se alargan innecesariamente y se repiten, hasta culminar en un clímax con buenos efectos visuales y algo de impacto. Sin embargo, los primeros 60 minutos carecen de desarrollo y brillo, quedando apenas en la penumbra.
Una tragicomedia que busca y logra, en varias ocasiones, divertir y emocionar. Es una película inteligente y actual, que se conecta con diversos temas, conflictos, problemáticas, tendencias y cambios sociales de nuestro tiempo.
En esa coreografía de los sentimientos, Rogers y su cuarteto protagónico logran más aciertos que fallas, ya que la sutileza prevalece sobre la tentación de ser explícitos o dar golpes de efecto.
Murray convierte cada una de sus intervenciones en momentos de comedia excepcionales, iluminando y potenciando cada cuadro y cada escena. La película posee una ligereza y fluidez propias de las mejores comedias.
Es otro proyecto en el que Soderbergh se da todos los gustos y caprichos. El título podría traducirse como "Deja que todos hablen" y podría ser una suerte de declaración de principios del director. Mientras todos discuten sus trabajos, él no para de filmar.