En el transcurso de la trama, hay momentos que se alargan innecesariamente y se repiten, hasta culminar en un clímax con buenos efectos visuales y algo de impacto. Sin embargo, los primeros 60 minutos carecen de desarrollo y brillo, quedando apenas en la penumbra.
'American Fiction' se adentra en el metacine, mostrando momentos de creatividad, gracia y provocación. Sin embargo, en otros instantes recurre más a fórmulas que a la audacia, con un ingenio más superficial que profundo.
La ironía y el humor negro equilibran algunos momentos que resultan excesivos en sentimentalismo y costumbrismo, gracias a tres interpretaciones destacadas que aportan fluidez, ternura y empatía.
Un proyecto valioso, provocador y con múltiples aristas interesantes para el análisis, aunque lejos de la calificación de obra maestra que casi todos los críticos estadounidense coincidieron en otorgarle.
En esa coreografía de los sentimientos, Rogers y su cuarteto protagónico logran más aciertos que fallas, ya que la sutileza prevalece sobre la tentación de ser explícitos o dar golpes de efecto.
Murray convierte cada una de sus intervenciones en momentos de comedia excepcionales, iluminando y potenciando cada cuadro y cada escena. La película posee una ligereza y fluidez propias de las mejores comedias.
Es otro proyecto en el que Soderbergh se da todos los gustos y caprichos. El título podría traducirse como "Deja que todos hablen" y podría ser una suerte de declaración de principios del director. Mientras todos discuten sus trabajos, él no para de filmar.
En buena parte de sus concisos y potentes 78 minutos 'Planta permanente' resulta un inteligente y angustiante acercamiento a las miserias de la burocracia.
Hay, sí, una cuestionadora mirada política, pero ante todo hay en El otro lado de la esperanza humanismo, sensibilidad para evitar el golpe bajo y una reivindicación de esos queribles perdedores que deambulan por sus historias.
La premisa es ingeniosa e inquietante. El problema es que las desventuras de Paul Safranek (Matt Damon) se van tornando cada vez más recargadas y subrayadas, lo que conduce a alegorías evidentes y moralistas.
La primera media hora de 'Les fantômes d'Ismaël' se ubica entre lo mejor de la espléndida carrera de Arnaud Desplechin. La última media hora, en cambio, se encuentra entre lo más flojo de su filmografía. Así de desconcertante e irregular es, aunque nunca llega a ser intrascendente.
Una mirada sin adornos a la comunidad griega en París, Ropert crea una película que, a pesar de su superficie aparentemente ligera, se alinea con el descontento, la incomodidad y el desconcierto de la sociedad francesa actual.
El problema principal radica en el guión, en los diálogos y en la dirección actoral de Marcos Carnevale, quien opta por un enfoque denso y solemne, que en ocasiones se siente excesivamente grave y con tintes de sadismo.
Que Streep puede hacer cualquier cosa, incluido el género musical, es un hecho conocido. Sin embargo, la soltura, el desprejuicio y la ductilidad que exhibe sobre el escenario la convierten en una artista excepcional.