No hay nada particularmente sorprendente, audaz ni disruptivo en 'Dog, un viaje salvaje', pero resulta un film noble, sencillo y eficaz. Sí, un crowdpleaser en toda su dimensión.
La poderosa y emotiva Black Dog es un retrato conmovedor de los impresionantes cambios sociales y económicos en China, evocando el estilo de Jia Zhangke.
El film, narrado con gran destreza, resulta ser más serio y político de lo que al principio se percibe, tocando temas contemporáneos como las relaciones y los derechos de los animales.
Es difícil comprender cómo un elenco tan destacado y un director de fotografía talentoso como Robert Elswit decidieron participar en un proyecto que, para bien y para mal, se presenta como un verdadero disparate.
Es una experiencia audaz y hermosa que combina elementos del cine con aspectos de la fotografía, las artes plásticas, la literatura y el teatro, ofreciendo una propuesta ambiciosa y exigente que cautiva al espectador.
Reflexiones inteligentes sobre museos, historia del arte, soledad y madurez, además de su conexión con Viena y el cine. Es una pequeña joya que merece ser apreciada.
Se siente la presión constante de una fórmula que nos sofoca y restringe, convirtiéndonos en prisioneros de un artista que busca controlar nuestra experiencia en lugar de permitirnos ser espectadores libres.
Bognar y Reichert demuestran una admirable curiosidad, paciencia y sensibilidad, características que los posicionan como documentalistas de excelencia al retratar la situación general.
La película presenta una serie de atrocidades, brutalidad, sufrimiento y elementos tristes, pero carece de una base sólida que respalde estas temáticas, destacándose principalmente por el enfoque documental del director.
Una película que gira en torno a apuestas, fraudes y maniobras, la cual prometía ser cautivadora y divertida, pero lamentablemente, no cumplió con esas expectativas.
Resulta atrapante por momentos y algo tortuoso por otros. Varias de sus subtramas y resoluciones parecen poco creíbles, pero a pesar de ciertos caprichos, estereotipos y arbitrariedades, no se puede calificar como un thriller despreciable.
Más allá de cierta contradicción en las interpretaciones, 'Reyes de la calle' se presenta como un producto digno, noble y, en definitiva, bastante eficaz.
La narración a veces parece copiar formatos de programas de televisión y su tratamiento de temas como la inmigración ilegal y la diversidad étnica carece de claridad, mostrando una ambigüedad que puede resultar manipuladora e irresponsable.
Luce impecable en sus diferentes rubros, pero en su perfección y excesiva atención al detalle, le falta un poco de fluidez, audacia y desenfado. Es un producto profesional y muy bien elaborado, diseñado para un público global.