Austera, pequeña, lúdica y melancólica, 'Arthur & Diana' logra sobrepasar con su naturalidad, fluidez y simpatía algunos clichés del subgénero de viajes que parecían frenar su evolución.
Con recursos limitados, el guión presenta los elementos necesarios como tensión, suspenso y sorpresas, los cuales son potenciados por la dirección de Alvarez.
El filme presenta giros intrigantes y una narrativa muy bien elaborada. Los actores brillan, elevando diálogos y escenas que, en manos menos hábiles, podrían haber resultado insípidos.
La película resulta insatisfactoria, con un guion que carece de originalidad y parece desaprovechar su potencial. A pesar de que no es del todo mala, es evidente que con un poco más de creatividad y valentía en su desarrollo, podría haber alcanzado un nivel mucho más alto.
El promedio de eficacia de gag por minuto es inferior al de las dos primeras entregas. Sin embargo, sigue siendo una agradable sorpresa dentro del mundo de las comedias de Hollywood.
Más allá de algunos gags extremos que funcionan en plan guarro y escatológico, es una comedia negra con demasiados enredos que no escapan de la fórmula.
Sotomayor narra con sensibilidad y habilidad, creando climas melancólicos. La obra es melancólica y amarga, pero también presenta momentos fascinantes.
Una película que oscila entre momentos inspiradores y algunos que no alcanzan su objetivo. No obstante, el resultado general es agradable y refrescante.
Una película que se caracteriza por su modestia y su enfoque minimalista, evocando el estilo de Carlos Sorín. Al mismo tiempo, refleja la complejidad y las contradicciones de la Europa contemporánea.
Un mediocre y previsible producto que atraviesa los tópicos básicos y cumple con todos lugares comunes de los subgéneros que podrían definirse como "carrera contra el tiempo" y "juego de gato y ratón".
Al intentar parodiar a 'La gran estafa', 'Misión: Imposible' y las cintas de James Bond, el filme cae en la trampa de volverse predecible y poco inspirador.
Focus no iguala a 'I Love you Philip Morris', la atrevida película debut de Ficarra y Requa con Jim Carrey, pero a pesar de sus altibajos, se presenta como un entretenimiento más que satisfactorio.
El impresionante uso de recursos en la producción, la creatividad en varias de sus sorpresas y el talento presente tanto delante como detrás de la cámara logran que '100 años de perdón' sea un producto notable con ambiciones amplias.