Parte de una repetición cansina de fórmulas propias y ajenas. Esta secuela, diseñada para satisfacer las leyes del marketing, no ofrece mucho a la audiencia, aparte de su profesionalismo técnico y algunos momentos de humor inspirado.
El relato asume su propia ligereza y no intenta reinterpretar las relaciones y enfrentamientos entre los personajes como algo diferente de lo que, en esencia, siempre ha sido: una adaptación multimillonaria de una historieta.
Sin demasiada inteligencia y menos aún profundidad, es cierto, pero con algo de nervio y ritmo. Es una fantasía animada contemporánea que guarda un corazón old school en su interior. Y eso es todo, amigos.
Una oportunidad desaprovechada: la premisa era ingeniosa, la dupla central atractiva y glamorosa. Pero la partida la termina ganando el lugar común; además de ser esquemática en muchos sentidos, 'Pasajeros' resulta ser cursi donde debería ser sutilmente romántica.
El contratiempo central de 'La fiesta de las salchichas' es su evidente falta de irreverencia más allá de una superficialidad frenética. No hay nada auténticamente polémico, y mucho menos revulsivo, en sus imágenes y diálogos.
Es evidente que el peso de la mitología resultó ser demasiado para lograr una reinvención completa. Así, la leyenda persiste, con una dirección clara hacia la aventura, aunque sin muchos sobresaltos, evitando adentrarse en territorios inseguros.
Como en el clásico de Harold Ramis, el soldado interpretado por Cruise se levanta cada mañana para repetir la misma experiencia, utilizando una mecánica similar a la de los videojuegos, donde constantemente mejora para superar a sus oponentes, todo en un entorno narrativo ligero, rápido y lleno de elegancia.
Este nuevo intento de adaptar a la idiosincrática criatura y añadirle elementos más atractivos para el público norteamericano resulta narrativamente torpe, careciendo de un componente humano interesante, con un desarrollo insípido y atado a convenciones predecibles.
La nueva versión de los '47 ronin' tiene escasa relación con la historia original, conservando únicamente un par de ideas fundamentales y el arco narrativo que abarca la muerte, la espera, la preparación y la venganza.
'Capitán América' despliega sus dos horas de metraje de manera meticulosa, organizando ingredientes y dosis para que la historia logre el efecto deseado. El film avanza de manera predecible, sin sorpresas ni giros inesperados.
Guzzoni no busca simplemente presentar una "denuncia" cinematográfica, sino que se enfoca en desarrollar un personaje central que es complejo y ambiguo. Este personaje, aunque no es necesariamente contradictorio, genera dudas y cuestionamientos en el espectador.
Sin dudas, la misma historia podría haberse narrado de maneras diferentes, pero el énfasis de la realizadora en las formas fragmentarias, elípticas, evitando al mismo tiempo el exceso de psicologismos, rinde sus frutos.
Hay un exceso en la construcción de varios personajes, un acercamiento al grotesco que sin duda podría dar mejores resultados en el teatro que frente a una cámara.
Jacqueline Bisset y especialmente Gérard Depardieu brillan en un film que no busca reconstruir “hechos reales”, sino que ensaya una representación que revela la desmesurada ambición, la creación de fachadas y la utilización del dinero para acumular poder.
Apelando a un impactante registro del horror cotidiano de cualquier guerra, Brian De Palma construye un patchwork visual que no da respiro, cimentado por un montaje final de imágenes reales que viene a recordar que no todo es cine.
De una construcción narrativa sutil y paciente que logra transmitirle al espectador los miedos y angustias del personaje, 'Moonlight' es un film que nunca abandona sus pretensiones de realismo, pero que al mismo tiempo logra momentos de intenso lirismo que nunca se sienten artificiales.