Lo que pudo haber sido un buen ejemplo de cine de género desenfadado, mezcla de ciencia ficción, acción y terror, termina agobiado por su pretensión moralizante.
Es una clara sucesora de las entrañables películas de acción de los años 80, aunque su estética y sonido se alejan de la esencia mágica que caracterizaba a cintas como 'Duro de matar'.
'Península' muestra una excesiva dependencia de efectos digitales. La verdadera falla radica en la ausencia de tensión real, la exageración de sus personajes y un ritmo deficiente que ni las escenas de peleas ni las persecuciones logran compensar.
'Halloween II' evoca la esencia de una serie juvenil americana, repleta de dilemas de identidad y situaciones intensamente marcadas por la adolescencia.
La película evita caer en la trampa del auto-referencialismo y presenta una obra donde los creadores intentan superar sus propios temores y excentricidades. Aunque no siempre lo consiguen, lo hacen con humor y sin resentimiento.
'Hipnosis' es una película deliberadamente absurda y, hay que reconocerlo, su ritmo es increíblemente rápido. El público apenas puede recuperarse de una locura antes de ser sorprendido por la siguiente.
'Un verano así' se aleja de lo que uno podría esperar al leer su sinopsis y se convierte en un profundo análisis sobre la fragilidad y confusión de sus personajes. Côté sigue sorprendiendo con su estilo único y su capacidad para contar historias diferentes.
'Mutzenbacher', de Ruth Beckerman, presenta un enfoque ensayo que invita al espectador a reflexionar sobre el libro y su contexto histórico y contemporáneo, así como sobre los posibles límites de la creación artística.
Por momentos efectista pero casi nunca efectiva en términos dramáticos, '5 Therapy' no parece ser otra cosa que una ilustración audiovisual de algunos capítulos del texto en el cual se basa.
El guion se toma libertades que resultan en algunas de las secuencias más destacadas de la película, construidas mayormente con diálogos concisos, gestos sutiles y miradas elocuentes.
Por cada imagen iluminada y bien estructurada, cargada de simetrías que parecen sacadas de un cuadro, y por cada partícula de polvo resaltada por la fotografía, se percibe también una ira y una resistencia casi punk.
La narrativa impactante y feminista de la novela de Emma Donoghue se conserva en esta adaptación, que logra evitar muchas de las convenciones típicas del cine de época.
La falta de originalidad en la secuencia de eventos y diálogos, junto con la sensación de que las emociones son superficiales y efímeras, impide que la historia sobresalga, a pesar de un diseño visual que al principio capta la atención pero termina siendo excesivo.
El principal inconveniente de la narrativa es cómo fusiona la universalidad de sus temas y críticas con un componente fantástico que la trama intenta presentar como si fuera espiritual.
Así avanza el relato, con una absoluta falta de imaginación para hacer de las locaciones reales del palacete algo más que un set “bonito”, las líneas de diálogos simples herramientas sin vida propia.