El principal problema de esta obra de fantasía es que, durante casi los primeros 45 minutos, los acontecimientos son tan predecibles que la protagonista genera una sensación de lástima, aunque no por las razones correctas.
Trae un poco de aire fresco, situaciones divertidas, escenas de acción y escenarios paradisíacos. Y no es que el asunto sea demasiado original, sólo que está hecho con gracia y un toque internacional único.
Es rica en situaciones y diálogos que no son habituales, y su gran cualidad es que funciona en varios niveles, tal como sucede con lo mejor del género negro.
La película es algo extensa pero tiene acción muy imaginativa y su gran cualidad no solo es el gran elenco, sino también las sorpresas que el director les prepara a los espectadores cada vez que los personajes entran en un nuevo vagón.
Ritchie también quiere empuñar la espada de Arturo y, tratando de hacer algo diferente, lo único que logra es armar un tremendo hibrido, sólo por momentos divertido, ya que el film se toma a sí mismo más en serio de lo que hace falta.
Con un presupuesto generoso y el talento de Ridley Scott para filmar cualquier género, hay momentos visuales formidables que obligan a recomendar la visión del film.
Tiene un ritmo propio, con sólida fluidez narrativa y climas ominosos que no se parecen en nada a la típica película de terror actual, pero que tal vez justamente por eso resulta atractivo.