Black, que es un excelente comediante, es uno de los puntos a favor de esta comedia fantástica llena de aventuras y escenas de acción, aunque también incluye demasiados momentos dialogados que no resultan tan atractivos.
Casi cada elemento que el director trata de aportar al guión para darle algún giro nuevo al argumento original implica pérdida de ritmo y gags flojos que simplemente van liquidando las posibilidades.
Aunque en 'Una noche en el museo 3' hay situaciones bastante calcadas de las dos películas anteriores, no por eso son menos eficaces. Además, cuenta con el último trabajo de Robin Williams.
Algunos chistes funcionan bien y los niños, incluyendo al chico que aspira a ser espía, no lo hacen nada mal. Sin embargo, este tipo de película se puede disfrutar plenamente solo si se ve junto a niños de 8 años o para entretenerse durante un largo viaje.
Si bien el desenlace no convence demasiado, hay actuaciones fuera de lo común, y la fotografía y la dirección de arte dan lugar a imágenes sin desperdicio.
La historia es original e interesante, sin embargo, su desarrollo argumental presenta altibajos. Las situaciones se prolongan demasiado y los cambios de tono se sienten abruptos y vacilantes.
En 'Paterson', la poesía es el tema central, y Jarmusch sumerge al espectador en una comedia del absurdo que se desarrolla con calma y presenta momentos de humor. Además, es una notable muestra de fuerza narrativa.
Tal vez no sea del todo convincente, pero funciona bien y divierte. Todo el peso lo sostiene Mark Ruffalo, tan talentoso como para salir bien de situaciones que lo obligan a sobreactuar.
Se podría pensar que "St Vincent" es exclusivamente un festival de Bill Murray. Y si bien en parte lo es, lo cierto es que hay una buena serie de factores que ayudan a potenciar el talento del protagonista, empezando por un buen argumento.
Es una película interesante, aunque despareja. Está bien filmada y actuada, pero intenta abarcar demasiados aspectos. Por otro lado, ofrece una experiencia similar a una película de Woody Allen, aunque sin su esencia, lo que resulta algo curioso.
Bambauch se sitúa en un punto intermedio entre diversos estilos, combinando escenas cómicas que podrían encajar en una típica comedia de Hollywood de Ben Stiller con otras que parecen proceder de un auténtico drama cinematográfico.
Un fiasco que resulta mareante. Hay un exceso de gore, y si bien puede provocar náuseas, no es únicamente por los horrores retratados, sino por el constante movimiento de la cámara.
Hay momentos divertidos que surgen de los intentos del escritor por moldear a su personaje, lo cual realiza reescribiendo la trama a su modo. Sin embargo, este recurso no resulta efectivo en todo momento.
Este film es el equivalente actual de los policiales setentistas de Sidney Lumet que, sin descuidar los engranajes del género, enfatizaban la irónica descripción social y la corrosiva sátira política.