Como mezcla de vehículo promocional y subproducto comercial de un ídolo pop prefabricado y difundido vía redes sociales, la película es realmente interesante.
Parte de la base de la estética y conceptos originales para llevarlos al límite de lo que permite el cine hiper tecnológico del siglo XXI en una experiencia increíble que sólo debe verse en 3D.
El director Kevin Greutert, veterano de la saga, presenta una efectiva realización de las numerosas escenas sangrientas, con algo que complace a todos los gustos, excepto a los vegetarianos. Para asegurar el éxito en taquilla, los productores incrementan el número de muertes en comparación con las entregas previas.
Esta vez se presenta una mayor cantidad de pirotecnia y acción hipertecnificada en comparación con las escenas sangrientas. A pesar de las diferencias en la representación de la violencia gráfica, el ritmo se mantiene constante a lo largo de toda la película.
Las escenas más agradables parecen haber sido creadas en piloto automático, y la sobreabundancia de efectos visuales típicos de la animación digital y el 3D a menudo se siente impuesta, sin lograr integrarse completamente con el resto de la obra.
Todo lo que tiene que ver con los escenarios, las naves espaciales y las espectaculares -y bastante fuertes- batallas entre humanos y aliens no tiene desperdicio.
La historia se caracteriza por su humor negro y momentos de intenso dramatismo. Está magníficamente filmada, con sorpresivas explosiones de violencia que la complementan. En general, este conjunto sugiere que el 2018 comenzará con un excelente cine negro.
Si bien la historia es atrapante, el ritmo a veces varía demasiado. La directora Marialy Rivas tiene un estilo personal que da lugar a imágenes formidables.
Verhoeven, conocido por jugar con el espectador, lo hace de manera espectacular en esta obra al cambiar de climas e incluso de géneros en una sola secuencia. Para lograrlo, utiliza de forma excepcional el talento de Isabelle Huppert.
UN film que es drama judicial, investigación conspirativa, thriller, estudio psicológico y, por arriba de todo, feroz retrato de una ciudad que miró para otro lado.
El tono general se asemeja al de un culebrón, caracterizado por una música tenue y un clímax que se intensifica hacia las escenas de abuso, lo cual en realidad carece de sentido.
Rachel Weisz no es demasiado creíble como la policía dura. Sintetizando, por más importante que sea el tema a denunciar, la película no lo hace demasiado bien.
La mayor cualidad de esta adaptación de un best seller es su capacidad de ofrecer todo lo que se espera de un thriller, con un estilo narrativo que no es exactamente el mismo al que nos tiene acostumbrados Hollywood.
Más allá de sus logros, se parece demasiado a sus trabajos previos , casi como si el director no pudiera ni olvidar ni perdonar a los fantasmas que lo obsesionan.