Joaquin Phoenix brilla de manera notable en la primera parte del cautivador film de Paul Thomas Anderson, mientras que Philip Seymour Hoffman consigue plasmar todo el carisma necesario para que su personaje, un gurú, logre atrapar a una multitud en sus disparatadas ideas.
Cuando la catástrofe se desata, la película muestra una fusión de fotografía y montaje impecables. El efecto de montaña rusa que busca el director se mantiene sin interrupciones.
Es el tipo de película para ver con un pañuelo a mano, pero eso no significa que sea lacrimógena de más o que no tenga sentido del humor, e incluso un alto vuelo poético.
Es una comedia suave y sencilla, que evita caer en lo sensiblero, pero que transmite un sentimiento auténtico. Es típicamente italiana y, a la vez, logra profundizar en temas significativos.
Es mejor que la película anterior, pero no logra estar a la altura de la primera. A los fans se les puede mencionar que, al menos, encontrarán un par de escenas deslumbrantes en las excesivas dos horas y media que dura.
La única preocupación del director Bill Holderman es ofrecer la escena adecuada para que cada una de estas figuras brille, y suele conseguir incluir a varias de las protagonistas en una misma secuencia.
Hay dos factores que apuntalan la película: la calidad de las actuaciones, destacando especialmente la del elenco juvenil, que ofrece interpretaciones auténticas y convincentes. Además, la música actúa como un elemento cohesivo.
Durante más de una hora y media, Muschietti consigue crear una de las películas más aterradoras basadas en la obra de Stephen King. Sin embargo, existe un inconveniente: las casi tres horas de duración parecen estar destinadas a alargar innecesariamente el desenlace de la historia.
El director logra un brillante crescendo narrativo, considerando lo coral del asunto, casi como si fuera un Robert Altman del terror, y dosifica el relato con imaginativos momentos horripilantes.
Teniendo en cuenta el impacto y la originalidad del primer film, esta secuela probablemente no satisfaga a sus fans ni tampoco interesa especialmente a quienes no lo vieron o no lo recuerden demasiado.
Carnevale mantiene figuras y estructura, pule situaciones, le da un poco más de espacio a la relación del enfermero con su familia, lo que resulta beneficioso, y culmina con las mismas imágenes documentales tocantes del original.
Este es uno de esos rarísimos casos en los que una remake no sólo tiene sentido dada su aproximación totalmente distinta a la misma historia, sino que además supera ampliamente al original.
Hosuda maneja con destreza el equilibrio entre el delirio, el misterio y el humor absurdo, logrando fusionar acertados gags con una buena dosis de acción.
Es una película original, llena de imágenes notables, con excelentes diálogos irónicos y no los típicos sobre historias de la tercera edad. Y sobre todo con dos protagonistas sin desperdicio.