Preciado logra una ambición notable en su exploración de temas, utiliza representaciones visuales inteligentes y, sobre todo, transmite emociones al dar vida a las personas que cuentan sus historias y sueños.
Silvestre narra de manera honesta y fresca los conflictos y contradicciones de los personajes. 'Mi vacío y yo' puede que no sea la película más compleja o innovadora, pero se aproxima a sus protagonistas con sinceridad.
Resulta más cautivadora la atención en los individuos que se obsesionan con resolver el misterio que en los progresos de la investigación, que a menudo son meras suposiciones algo forzadas.
Dauberman logra desarrollar momentos memorables, aunque el resultado final se siente como una obra secundaria que no aporta significativamente al legado de Stephen King y Tobe Hooper.
La película de Rouzet presenta un retrato romántico de un adolescente marginado que busca incorporar al ámbito popular la estética de las películas vampíricas de Jim Jarmusch y Claire Denis.
El regreso de Erice al cine presenta conexiones con su obra previa, pero a su vez se siente más introspectivo, además de adoptar un enfoque más clásico y tradicional.
La temática de esta película se asemeja a la de la anterior de Donoso, aunque aquí se adopta una perspectiva más esperanzadora y favorable en la representación de las vivencias de los personajes. Así, el entorno y quienes lo habitan se transforman en un refugio y un espacio lúdico.
Lo que hay aquí es un recorrido personal de investigación filosófica que se manifiesta cinematográficamente a través del género musical. Y lo hace con resultados llamativos. Burman entrega la que quizás sea la más personal de sus películas.
A pesar de que hay decisiones formales que generan inconvenientes, la película logra sostener una doble línea de investigación que converge en un final sorprendente y lleno de matices.
No se trata de un documental de explotación ni tiene un enfoque morboso; su tratamiento es cuidadoso y reservado. Por el contrario, es una película conmovedora y dolorosa que resalta el sufrimiento de las víctimas de un aterrador depredador.
Un entretenido divertimento y una broma interna que se convierte en un juego agradable. Es una experiencia que vale la pena vivir, presentando una manera peculiar de relatar una autobiografía y la dinámica de la vida en pareja.
Harry Dean Stanton brilla al interpretar un personaje que evoca a otros de su trayectoria y a su propia vida. Se presenta un drama sutil, realista y melancólico, sin caer en el sentimentalismo.