Es una película melancólica que, aunque presenta instantes auténticos y bien logrados, parece seguir una fórmula preestablecida, como si su temática y estilo narrativo fueran ya familiares.
'La cocina' por momentos termina bordeando el territorio del cine de Paolo Sorrentino o Alejandro González Iñárritu, algo que no aparecía en sus más frescas y ligeras películas previas.
La película podría beneficiarse de una exploración temática o formal más audaz, que profundice en las ideas complejas y ambiguas que enfrentan los protagonistas.
Es muy divertida cuando busca serlo. A pesar de que hay lugares para el humor mordaz y personajes bastante egoístas, lo que realmente destaca es la ternura, el amor y los giros necesarios para transmitir esos sentimientos.
La acumulación de malentendidos y contratiempos puede llegar a ser algo repetitiva, con un tipo de comedia que se siente anticuada y, en ocasiones, carece del debido ritmo.
El guión presenta elementos arbitrarios y sorpresas que realzan el tono fantástico, depresivo y metafísico de la trama. Aunque algunos giros pueden no ser efectivos, la película se mantiene como una propuesta sincera.
La serie es una mezcla entretenida y absurda que, en ocasiones, no logra equilibrar sus diferentes tonos. A medida que avanzan los episodios, la acumulación de giros y engaños puede llevar a los espectadores a centrarse más en las sorpresas inesperadas que en la trama central.
Es una obra que abraza su naturaleza "anticuada" y se nutre de una nostalgia que va más allá del cine de Allen. Aunque se considere una película menor, logra mantener un nivel aceptable.
Ese espíritu jovial, positivo y optimista le otorga al filme un impulso adicional, transformándolo en una obra maestra que ha sido olvidada con el tiempo y que merece ser reevaluada.
Bateman es un talentoso comediante y un destacado actor, y en este papel interpreta a Wally, un neoyorquino lleno de neurosis y pesimismo, capaz de rivalizar con Woody Allen en cuestiones de depresión y obsesiones peculiares.
Funciona de a ratos; finalmente, demuestra que una estrella de cine como Zeta-Jones puede dar un impulso a una película que, de otra forma, carecería de él.
Es una serie valiosa e inteligente, que en ciertos momentos resulta audaz. Sin embargo, no encuentra una forma de destacarse completamente entre las numerosas "comedias terapéuticas" que hay disponibles.
Es una película de bajo perfil. Agradable y sutil, carece de grandes aspiraciones salvo por el trabajo de efectos visuales que resalta la diferencia de altura.
El filme no logra nunca encontrar un tono apropiado. Su humor es muy banal y su trama no logra nunca salir de las reglas básicas del “best seller de aeropuerto”.
La verdadera atracción de 'La otra Missy' radica en la actuación de Lapkus, quien logra que esta película mediocre sea algo tolerable gracias a su presencia y su desenfadado estilo cómico.