Webster se mantiene neutral ante las fuerzas en conflicto, sin inclinarse ni apoyar ninguna de las diferentes posturas que se presentan durante sus seis horas de duración.
Su obra crea un ciclo que atrapa a los personajes, y nosotros, como espectadores, sentimos esa misma presión, lo que nos lleva a una sensación de agobio.
Fría y un poco cínica, pasa de la tensión sexual al absurdo y su narración es episódica y muy original. Generará amores y odios, pero no dejará a nadie indiferente.
La película presenta varios momentos destacados, sin embargo, su mayor inconveniente radica en que depende de un recurso durante toda su duración, lo que la hace algo difícil de creer.
Rosenthal no consigue crear una película excelente, ya que la trama se dispersa y los clichés se acumulan, sin embargo, logra mantener nuestro interés durante un tiempo.
Esa cálida comedia romántica, protagonizada por dos actores carismáticos, se ve eclipsada en su narrativa por problemas policiales que carecen de importancia.
Más que nada es un doloroso y fuerte alegato por conservar algo así como la decencia, la humanidad y una mínima idea de responsabilidad civil y social a la hora de comunicar hechos.
Es un relato que podría mejorar con una reducción de media hora, enfocándose más en las escenas de acción, que son la verdadera fortaleza del director.
Miller logra capturar la esencia de las películas de Terry Gilliam, pero lo hace con un toque más suave y encantador, priorizando la dulzura sobre el impacto visual.
Es un drama sin luces, aunque presenta algunos instantes interesantes. Sin embargo, el retrato de un policía que es tanto perezoso como prejuicioso no resulta del todo satisfactorio.
'Serpent’s Path' se percibe algo restringida en sus implicaciones y en su realización. Quizás el idioma influye, o puede ser que la sensación de haber visto esta película antes persista, a pesar de no haberla visto.