Las claves de este un tanto desorganizado y caótico filme de 2010 –un poco como el espíritu de su protagonista, al menos en sus primeras épocas– es la peculiaridad y los vaivenes de la historia.
M.I.A. se deja ver en este retrato claramente autorizado tal como es, una fuerza vital y musical poderosa y una figura comprometida pero también muy contradictoria.
Apasionante como trama y como documento personal, este vals de negación de la memoria colectiva revela un peligroso nacionalismo y un antisemitismo que parece no haber desaparecido del todo.
Luego de una primera parte clásica que respeta al máximo el modelo tradicional de las películas de boxeo, la segunda mitad se torna más predecible y rutinaria, con escenas que no logran funcionar adecuadamente.
Es interesante compararla con la fallida LIFE, con la que tiene muchos puntos dramáticos en común, pero a la que esta supera por inteligencia, sutileza y humanidad.
En esa relación de amor y odio hacia Jobs y su empresa radica lo más fascinante del filme, que retrata a Jobs como un hombre tanto cruel como visionario.
No es tal vez la más sutil de sus películas, pero definitivamente demuestra que sigue siendo un gran narrador y que maneja con habilidad una ambigüedad muy interesante sobre el tema.