En este delirante y placentero juego de los hermanos Coen, una suerte de policial slapstick, a los directores de 'Fargo' se los siente más libres que nunca.
'Fair Play' es –más allá de sus imperfecciones– el tipo de película compleja, inteligente y bastante audaz que raramente estrena Netflix fuera de las tres o cuatro que presenta para «la temporada de los premios».
Opera como una inteligente y curiosamente desafiante mirada al presente y al futuro a partir de un relato alejado, en lo formal, de cualquier tipo de realismo pero claramente insertado en el aquí, el ahora y, más que nada, en el futuro.
A pesar de su simplicidad, esta película es realmente efectiva y guarda similitudes con "Un mundo perfecto", la obra de Clint Eastwood. Sin embargo, lo que le impide alcanzar la grandeza de ese clásico es una falta de emotividad que no logra plasmar.
La película abraza con todo el pasado y el estilo de la saga, y la originalidad que se pierde se gana en cierta efectividad y algunos golpes emocionales que, al menos a los viejos fans del balbuceante Balboa, nos hacen poner la piel de gallina.
Consigue lo que se propone: es una película de boxeo hecha y derecha, de esas que cuando están bien realizadas, funciona como un buen golpe aplicado al corazón.
El horror, el deseo, el sexo y la muerte se entrelazan en un juego provocador y perverso, donde casi todos los protagonistas participan de forma voluntaria. Esto la posiciona como su obra más destacada y profunda hasta el momento.
El ángulo humano recorre la serie de principio a fin. Lo que más impactó sobre el caso Madoff fue que se trató de una estafa en la que se podían ver claramente las caras de los afectados.
[Crítica 1ª temporada]: Funciona muy bien si uno no se obsesiona por entender de qué cuernos hablan la mitad del tiempo en el que están negociando acciones. Pero lo importante es lo que está en juego, y en ese sentido la serie logra ser muy efectiva para que entendamos esos desafíos.
La cuarta temporada de 'Succession' no comienza con estruendos espectaculares, sino que se presenta con la precisión característica que mezcla la negociación empresarial y la complejidad de la comedia humana que la acompaña.
El filme cumple su propósito. No suele haber muchas secuelas realizadas un cuarto de siglo después de la original, con el mismo director y protagonista, que logren capturar con precisión el pulso de los tiempos actuales.
Ambos realizadores logran controlar a sus personajes y desarrollar un universo creíble a su alrededor que nunca se vuelve evidente ni estereotipado. Emplean las convenciones para construir un drama que se experimenta intensamente.
La promesa de la primera mitad se va desarmando cuando se empiezan a descubrir más detalles y la resolución central del asunto es bastante obvia y banal, por no decir previsible.