Los personajes y el mundo invitan a seguir y, por más que uno ya esté my familiarizado con el modelo, sigue siendo entretenido descubrir para dónde van las cosas en este universo tan impredecible.
Una película amable y ligera, con un leve toque de tensión y misterio, pero en última instancia, resulta bastante intrascendente. Se asemeja a lo que ha estado produciendo Allen a lo largo de este siglo.
La película bordea peligrosamente con el racismo y la xenofobia. El realizador tiene la habilidad suficiente como para que cada uno pueda interpretar lo que sucede a su manera, pero, por momentos Seidl toma decisiones que son un tanto incomprensibles.
En los pocos momentos en que la película se toma un respiro, Dupieux abre la narrativa y, por breves instantes, se aleja de su impulso por encadenar gag tras gag, para observar a estas dos parejas desde una perspectiva más distanciada.
'Bad Luck Banging...' va construyendo, de manera lúdica pero sin dejar de ser incisiva, una pintura un tanto desesperante de una sociedad con las prioridades trastocadas.
Parece sugerir que la utopía tecnológica no resuelve el enigma de las relaciones humanas. La alegría, el miedo y el dolor, virtuales o no, siguen siendo los mismos.
Lo que uno no logra nunca es sacarse de la cabeza que está viendo a un grupo de actores fagocitándose los textos y olvidándose que hay una cámara que amplifica enormemente cada cosa que dicen o cada gesto que hacen.
El tono es amable e invita a la identificación, aunque en algunos momentos se exagera un tanto esa candidez, evocando el estilo de cierto cine independiente estadounidense.
Aporta una mirada más que original a un mundo que es muy particular y específico, es cierto, pero a la vez bastante universal y reconocible en los dilemas éticos y familiares que le plantea al protagonista.
Es entretenida, pero en esencia no es más que una provocación vacía, una comedia elegante y desmedida que carece de sustancia en lo que respecta al mundo que retrata.