Lo que uno no logra nunca es sacarse de la cabeza que está viendo a un grupo de actores fagocitándose los textos y olvidándose que hay una cámara que amplifica enormemente cada cosa que dicen o cada gesto que hacen.
El tono es amable e invita a la identificación, aunque en algunos momentos se exagera un tanto esa candidez, evocando el estilo de cierto cine independiente estadounidense.
Más allá de las fallas y desajustes, la película logra reflejar una profunda comprensión de ese limbo post-escolar, donde los lazos familiares continúan teniendo un peso significativo y la vida adulta se presenta como una opción distante y poco deseada.
Aporta una mirada más que original a un mundo que es muy particular y específico, es cierto, pero a la vez bastante universal y reconocible en los dilemas éticos y familiares que le plantea al protagonista.
Es una defensa y celebración de esos «hombres y mujeres comunes» que, más allá de banderías políticas, hacen uso de su inteligencia, su capacidad y su fortaleza para sacar provecho de un sistema.
Es una película frágil y menor, incluso dentro de la variada filmografía de Soderbergh. Esta vez no logró un resultado del todo satisfactorio, por lo que habrá que ver qué sorpresas nos depara en su próximo trabajo.
Es interesante que una película latinoamericana aborde un tema social desde una perspectiva que se aleja del realismo clásico, sin convertirse completamente en un drama convencional.
El problema de 'Habitación 212' es que luego de planteada la potencialmente ingeniosa situación, la construcción narrativa se vuelve forzada y caprichosa.
Es, casi, un tómalo o déjalo. Cuando funciona bien, puede lograr yuxtaposiciones notables y emotivas. En otras –por suerte aquí son las menos–, el golpe es banal, chato y efectista.
Una película de planos largos y no necesariamente lujosos pero siempre ajustados desde lo narrativo y lo observacional, pensados por alguien que parece tener muy claro su concepción de la puesta en escena.
Sorprende, primero, por su duración (son más de 160 minutos), pero eso se olvida rápidamente cuando uno empieza a ver el filme y se encuentra con una comedia encantadora, deliciosa, libre y muy humana.
Con humor, ternura y algunas situaciones un tanto estereotipadas, la película sacará adelante su previsible conflicto, apoyada en gran parte por la solidez actoral de Lennie.
Roma sigue siendo una ciudad fascinante y misteriosa. Y la película la celebra y la cuestiona, deséandole para ella una mejor suerte que este conflictivo y hueco presente.
Los personajes se van volviendo más complejos con el correr de la narración y Triet tiene el talento y la inteligencia suficientes para que el espectador pueda entender, críticamente, las acciones de ambos.