La tensión se transforma en frustración y la violencia, bien ejecutada, genera risas incrédulas. En definitiva, este remake carece de la novedad, eficacia y el compromiso con la brutalidad que caracterizaba al original.
La película destaca por sus sólidas actuaciones y personajes que evolucionan de caricaturas a seres humanos entrañables. Ofrece momentos agradables y sorpresas emotivas que enriquecen la experiencia.
La película se sostiene únicamente por la conexión entre los protagonistas, pero tristemente no logra generar el impacto necesario. Un remake que da la impresión de estar rehecho sin la chispa adecuada.
La ausencia de una trama definida genera expectativa de aburrimiento, sin embargo, la autenticidad de Deneuve y el mensaje positivo de que "nunca es tarde" logran rescatar la narrativa.
Este relato refleja una profunda pasión por contar historias. Se centra en la fascinante travesía hacia la anécdota, revelando detalles ocultos y la magia de escuchar a alguien que inicialmente no conocemos.
El trabajo de Steven Soderbergh pone a Gary Ross en una situación complicada, ya que su película resulta significativamente menos refinada, y presenta tantos elementos repetitivos que podría considerarse un remake.
Una película rápida y volátil que no profundiza mucho en los interesantes temas que propone, pero que cumple en cuanto a las balaceras, persecuciones y machetazos se refiere.
Stallone se limitó a recordar las viejas glorias sin realmente recrearlas. Aun así, resulta entretenido, como ver a un abuelo intentando bailar los éxitos actuales en una boda.
Como cualquier sermón paterno promedio, es redundante y se alarga más de lo necesario. Con todo, una historia de venganza sin mucha adrenalina, pero con peso suficiente para dejarse ver.
El guión es un desastre que intenta mezclar heroísmo, humor y genocidio sin éxito, y no logra emocionar ni con afecto ni con patriotismo. Sin embargo, entre tantos errores, hay una película que ofrece momentos genuinamente divertidos.
A pesar del esfuerzo visible en la dirección y algunas escenas logradas, como un ataque nocturno en un impresionante plano secuencia, los clichés y la falta de corrección política convierten esta representación de la destrucción de Londres en algo que rápidamente se olvida.
Los vínculos entre los personajes resultan poco creíbles. El mayor error es intentar aplicar una lógica a un universo que siempre se ha distinguido por su locura casi enfermiza.
La secuela se siente como un producto del olvido, careciendo de momentos de acción impactantes. Su calidad parece más adecuada para un episodio de televisión que para una película con un presupuesto de 70 millones de dólares. Al menos, todavía podemos disfrutar de las 'Misiones Imposibles'.
Con acción y efectos visuales atractivos para los más jóvenes, la trama acaba centrada en una moraleja simple que no compensa la agitación previa, resultando en una falta de conexión emocional.
Gans satura la pantalla con una historia compleja y muchos detalles que no atraerán a los más pequeños. Resulta excesivamente seria y sombría para quienes buscan un cuento de hadas, mientras que para los amantes de la fantasía es demasiado leve.