Una narración pesada que se mantiene por la conexión entre los protagonistas. A pesar de que las escenas de acción son aceptables, no logran salvar un guión que carece de originalidad.
Las actuaciones sutiles, llenas de miradas y silencios que reflejan sentimientos ocultos, se complementan admirablemente con una dirección sofisticada y una banda sonora inquietante que emana tragedia y sufrimiento.
La película se llena rápidamente de sustos por ruidos inesperados, actuaciones deficientes y un humor exagerado, generando la inquietud sobre cuál es su mayor defecto: la falta de originalidad o la carencia de habilidades en la realización cinematográfica.
Hay espectáculo, bulla y más de algún placer en la destrucción y el desmadre bien dosificado, pero no va a necesitar mucho viento para que se lleve de su cabeza el recuerdo de la película.
Con personajes poco entrañables, que ni se toman el tiempo para analizar sus propias grabaciones, resulta difícil sentir temor por ellos. Aunque la película presenta algunos momentos inquietantes, al final no aporta nada novedoso.
La historia avanza a un ritmo emocionante y su breve duración asegura que se mantenga creíble, sin perder la energía que impulsa la narrativa, que es tanto clásica como efectiva.
Una experiencia comparable a disfrutar de un buen plato de comida rápida. Carece de valor nutritivo y su exceso podría ser perjudicial, pero definitivamente cumple con su cometido.
La originalidad es escasa y la realización es mediocre, presentando una representación excesiva de la destrucción que no alcanza la ridiculez de una 'Transformers', pero tampoco logra la simplicidad y la belleza de la película original.
La trama es directa y clásica, sin grandes sorpresas. Sin embargo, la visión del director aporta una presentación visual impresionante con varias escenas memorables. Un cineasta como Zhang Yimou sabe captar la belleza incluso en lo más excesivo de Hollywood.
El resultado es más admirable que exitoso, especialmente cuando se toma con un enfoque más ligero. Sin embargo, algunos apreciarán la nostalgia que evoca, a pesar de la sangre y el látex presentes. Y no puedo dejar de mencionar que John Carpenter es muy extrañado.
Absolutamente ninguna sorpresa ni nada nuevo, pero los personajes entrañables, las buenas actuaciones y sobre todo el variado "playlist" hacen que la película se pase volando.
No hay mucho tiempo para aburrirse, pero bastante de qué reírse: el estilo ya no tiene el factor novedad y la falta de pulcritud de Rodríguez se vuelve casi insoportable.
Con un tono excesivamente serio y prolongando situaciones vistas en numerosas ocasiones, la película ofrece una ejecución aceptable que solo logra escasos instantes de tensión, culminando en un clímax repentino que no permite cumplir con la expectativa.
Una historia intrigante que se desenvuelve con confianza y sin hacerle las cosas fáciles al espectador, y serpenteando con habilidad por una historia llena de giros inesperados y secuencias brillantes que quitan el aliento.
Un pulso narrativo elegante y sin manipulación, lo que deja que el alto dramatismo se desarrolle en paz, Cruda y dura, pero de una fortaleza innegable.
Un retrato extraordinario, este documental se presenta como una pieza clave de nuestra historia y ofrece una perspectiva aguda, transmitiendo mucho a través de su montaje inteligente.
Aunque hay algunas imágenes efectivas, en general se presenta un caos mal actuado y sin coherencia. Es momento de que los cineastas reconsideren la tendencia de utilizar lo sobrenatural "inspirado en hechos reales" y vuelvan a la antigua práctica de crear películas de terror de calidad.
La sensación de refrito es innegable, pero no se puede negar tampoco el oficio del veterano Peter Bogdanovich con la comedia, los diálogos metralleta con nostalgia por el Hollywood clásico, y el elenco dispar pero cumplidor.