Intenta comprender la dinámica entre las mujeres trans y los hombres que les sienten atracción, lo cual es loable. Sin embargo, el documental no profundiza lo suficiente en este aspecto.
De manera cautivadora, se adentra en las profundas posibilidades que ofrece la vestimenta como herramienta de narración, examinando los aspectos tabú de la subjetividad 'queer' y las complejas fronteras entre la identidad gay y trans.
Captura de manera sensual y asombrosa la materialidad de la vida. Cuando da su mejor versión, se desarrolla con una lentitud voluptuosa, dando la sensación de que las conclusiones son irrelevantes.
La prosa de Louis ha perdido su simplicidad y linealidad. A pesar de que Fontaine presenta el material de una manera visualmente atractiva, su enfoque resulta irrespetuoso para la tranquilidad de la historia que narra.
Algunas escenas reflejan de manera poética y sutil las inquietudes sociopolíticas de la película, mientras que en otras los personajes se comunican de manera pedagógica.
Una descripción discretamente trágica de un mundo donde escasea la empatía. Hayakawa Chie revela una cultura que parece casi movilizada a destruir su propia alma.
La película se siente como una colección de bosquejos de una única narrativa. Se vuelve considerablemente más cautivadora cuando se sumerge en sus elementos de fantasía onírica.
La película cae en una narrativa predecible y repleta de ideas erróneas, presentando el trauma casi como una forma de locura. Además, no ofrece un análisis crítico sobre la vida de una pareja privilegiada.