Un drama bien elaborado que destila autenticidad. El director Clint Bentley ha hecho un trabajo ejemplar al recrear ese mundo. Un debut que merece la pena.
Esta película es una verdadera pérdida de tiempo. No es necesario leer más sobre ella. No puedo entrar en detalles sobre el final, ya que carece de relevancia.
Es un placer tenerla en la gran pantalla. Pero los adornos excesivos, la voz en off poco satisfactoria y la estructura artificial debilitan la experiencia.
Stephen Graham combina presión y preocupación para dar vida a un chef que refleja auténticamente la tensión extrema. El entorno es, sin duda, parte integral del mensaje. Se trata de un viaje exasperante y estimulante.
No es buena, pero es positivo que exista. No hay nada más agradable que un concierto de rock duro o un festival de cine de terror. Pocas aficiones tan controvertidas tienen una intención tan genuina.
Léa Seydoux ofrece una actuación sobresaliente; en esta ocasión, muestra todo su talento. Bruno Dumont, director de la cinta, se destaca por su genialidad e imprevisibilidad, lo que aporta una frescura única a la narrativa.
Revela algunas verdades poderosas sobre el arte y la mente desordenada. Lo más impresionante es la seriedad con la que se acerca a la enfermedad psicológica.