Se trata de uno de los más notables debut fílmico nacionales de este siglo, una provocadora película de horror que es mucho más que una mera versión mexicana del clásico 'El bebé de Rosemary'.
Esta revisión de la saga original se sostiene por la convicción con la que fue realizada y por la destreza en el manejo de los mejores recursos visuales de un horror directo, visceral, orgánico.
El montaje de Mark Everson consigue que ciertos números musicales se sientan como auténticas y destacadas piezas cinematográficas. La imagen danza ante nosotros, mientras nuestros pies, desde la butaca, la siguen.
Una comedia de humor negro que empieza planteando una historia y desarrollando otra, desafiando al espectador en la forma narrativa y en el fondo temático.
Un buen drama social. Lerman no evade la conocida fórmula del maestro milagroso, aunque muestra una convicción contagiosa al describir el entorno social en el que se desenvuelve el profesor suplente.
Es cierto que la película pierde impulso hacia la mitad, ya que es complicado hallar propuestas originales en el género de zombis. Sin embargo, el debutante Wang consigue crear una de las escenas más memorables del año.
Con un dominio total de sus recursos formales y un presupuesto significativamente mayor, Raimi presenta momentos hilarantes de splatter y un gore descontrolado.
Un desastre meritorio es una extensa sesión de psicoterapia fílmica. Pero gracias a su desafío a las convenciones narrativas, sus destellos de humor y la actuación de Phoenix, nunca deja de ser compulsivamente visible.
A pesar de sus aciertos, la adaptación de la novela de Antonio Ortuño no logra alcanzar el nivel del libro, especialmente en lo que respecta a su humor autocrítico y mordaz.
'Slow Horses' combina con gracia la comedia de costumbres, al estilo inglés, y una compleja trama de espionaje que rivaliza con las obras de John le Carré.
El segundo largometraje del cineasta noruego Borgli es una sulfurosa y desternillante sátira sobre esta rampante sociedad global tiktoquera en la que vivimos.
Lo que inicia como una regocijante comedia matrimonial de humor negro se transforma de improviso en una pesadilla de ansiedad paranoica, dirigida con fuerza y prestancia por Caye Casas.
No es más que una apretada telenovela de trece episodios que, conscientemente, entre aciertos y tropezones, deconstruye y reconstruye el género, respetando ciertos elementos clave para luego jugar con otros.