Wan parece dispuesto a tildar todos los ítems que le enrostran los detractores al género súper, y se despacha con un relato grave, aburrido, recontra cargado de efectos especiales y con aspiraciones de tragedia griega.
Cameron reinventa todo lo conocido para dar forma a algo distinto, único, probablemente irrepetible, que eleva las búsquedas visuales al punto de que es imposible saber qué de todo lo que se ve es real y qué creado digitalmente.
El meollo de la película pasa por poner en movimiento a las criaturitas amarillas y situarlas en situaciones absurdas que se resuelven a puro gag. Los hay mejores y peores, pero siempre hermanados por una inocencia a prueba de todo.
A 'Unidos' se le notan demasiado las costuras, aquellos puntos en los que se espera que la platea se conmueva, como si aquí la prioridad máxima sea arrancar lágrimas a como dé lugar.
Hay una distancia insalvable entre contenido y forma que convierte a 'El rey León' en una película vívida pero gélida, simpática aunque carente de corazón y, lo peor, con poca, muy poca capacidad de empatía.
Podrían haberle puesto un poco más de empeño tanto en el doblaje de los actores y actrices chinas como en la manera de entrelazar las subtramas que se conectan en la parte central de la historia.
Narrada con el automatismo plúmbeo de las superproducciones sin corazón, la película del noruego Roar Uthaug quiere ser tantas cosas con tal de no parecerse a la saga de Jolie, que termina siendo ninguna.
El director neozelandés demuestra una visión innovadora y propone un enfoque más liberador para las películas de superhéroes. En su obra, la aventura se entrelaza de manera natural con el humor, creando una experiencia entretenida y desenfadada.
No hay prácticamente nada que no huela a refrito. Ralph era genuinamente emotiva a pesar de su moraleja. Ésta, en cambio, intenta que sea la moraleja el motivo de la emoción. 'Emoji' es un pulgar abajo al lado de la carita roja de bronca.
Lejos del disfrute efímero propuesto por la mayoría de los tanques de Hollywood, 'Intensa-mente' deja un retrogusto de muchos matices destinado a acrecentarse con el paso del tiempo, algo que sólo los buenos vinos y las buenas películas pueden generar.
Peyton no entiende la comedia ni la autoconciencia como posibles herramientas para revitalizar una propuesta desgastada. Su representación del apocalipsis se traduce en dos horas de destrucción digital, tristeza y seriedad. Y frente a eso, no hay solución.
Una superproducción con un desarrollo narrativo muy cuidado, y que hasta remite en varios aspectos al clásico de la comedia de Harold Ramis con Bill Murray.
Con un diseño visual sorprendente, que se distancia de la animación digital predominante, la película de Gutiérrez evita los lugares comunes y paternalismos típicos de la gran industria. La narrativa avanza con fluidez, hasta que en el desenlace cae en un cliché predecible.