La mitología del juego es vasta y intricada. La necesidad de resumirla en dos horas de película implica hacer ajustes significativos. Esto se traduce en secuencias repletas de golpes, peleas y algunos hechizos inesperados, utilizados cuando la narrativa carece de una resolución lógica.
Snyder dirige con desorganización y falta de precisión, moviéndose de una escena de acción a otra "dramática" sin una progresión clara, dejando el arbitrio como su única normativa.
El resultado de este regreso es bastante atractivo en su tono épico con un enfoque ecologista. Se equilibra no entre lianas, pero sí entre el clasicismo y la modernidad pirotécnica y reflexiva.
Lejos del disfrute efímero propuesto por la mayoría de los tanques de Hollywood, 'Intensa-mente' deja un retrogusto de muchos matices destinado a acrecentarse con el paso del tiempo, algo que sólo los buenos vinos y las buenas películas pueden generar.
El film se vuelve definitivamente más interesante en la segunda mitad, cuando replica el modelo narrativo de un "robo a bancos". Zemeckis aprovecha al máximo el 3D, ampliando la sensación de peligro inminente ante el vacío.
Wright apuesta por normalizar la fantasía, convirtiéndola en un elemento esencial de la narrativa. Todos los aspectos presentan una invención visual notable y se integran a la perfección con la acción.
Peyton no entiende la comedia ni la autoconciencia como posibles herramientas para revitalizar una propuesta desgastada. Su representación del apocalipsis se traduce en dos horas de destrucción digital, tristeza y seriedad. Y frente a eso, no hay solución.
Una superproducción con un desarrollo narrativo muy cuidado, y que hasta remite en varios aspectos al clásico de la comedia de Harold Ramis con Bill Murray.
Con un diseño visual sorprendente, que se distancia de la animación digital predominante, la película de Gutiérrez evita los lugares comunes y paternalismos típicos de la gran industria. La narrativa avanza con fluidez, hasta que en el desenlace cae en un cliché predecible.
El principal inconveniente de la película no radica en su excesiva duración ni en sus inconsistencias narrativas, sino en la ausencia de autoconciencia que distinguía a la primera.
Con una cota humorística levemente más elevada que su predecesora, luminosa tanto en forma como en contenido, pero demasiado parecido a otros tantos exponentes que pululan con cada vez mayor regularidad por la cartelera comercial.
El monstruo que representa el "orgullo" de Japón regresa con gran espectacularidad y algunas ideas narrativas y visuales interesantes. Sin embargo, no logra que los actores aquí reunidos consigan dar vida a personajes carismáticos.
Un film que campeará entre el revanchismo de Milo y una suerte de thriller épico-político, en la línea de las adaptaciones televisivas de los libros de James R. Martin. Eso sí, todo más lavadito, menos espeso.
Un film que apuesta por la creación de climas y atmósferas. Sin embargo, esta elección afecta negativamente al desarrollo narrativo, lo que resulta en un tono intermedio que perjudica la posibilidad de ofrecer un producto más cohesionado de lo que su material original parecía prometer.
Ésta es la única saga de la factoría audiovisual de Marvel que amalgama con fluidez y naturalidad hiperacción digital, que abunda en esta entrega, humor en igual medida, desarrollo narrativo y evolución de los personajes.