El resultado es un policial incómodo, de un tono seco y tranquilo, que en su interior esconde un torturado núcleo de oscuridad. Una serie muy parecida a su protagonista.
Más allá de la indudable tensión y la precisión de ciertos diálogos, 'El paciente' resulta ser más atractivo como concepto que en su ejecución. Es difícil no considerar que la historia podría haber sido más efectiva en formato de largometraje.
Bettinelli-Olpin y Gillett logran interactuar con el concepto del género de manera fresca e irreverente. Su enfoque aporta una nueva perspectiva que revitaliza la narrativa, convirtiendo la experiencia en algo memorable.
Si 'El conjuro' se mantenía dentro de los carriles del verosímil interno, con su impronta setentosa y su atmósfera levemente enrarecida, aquí Wan vuela todos por los aires apostando a la fantasía y el gore más crudo y visceral.
Es, pues, un cabal ejemplo de ese tipo de películas que apuesta por una trama con innumerables giros pero desconfía de la inteligencia del espectador para seguirlos.
El director narra con buen pulso un thriller de detectives torturados y asesinos seriales, pero que esconde algunas manipulaciones no demasiado justificadas.
Llama la atención que a nadie –algún productor, asesor, colega, amigo o familiar– se le haya ocurrido avisarle a SIA que hacer una película es algo más que encadenar canciones.
No hay nada malo en construir una historia con fines pedagógicos. El inconveniente surge cuando esa elección oscurece el cuidado esencial que requieren las formas del relato; es decir, el cine se convierte en un mero vehículo en lugar de ser una auténtica expresión artística.
Sí, no es buena y está muy lejos de los mejores títulos de la casa, pero tampoco es el desastre que muchos pronosticaban. El resultado es, a excepción de una muy divertida escena sonorizada con 'Memory', una película anodina.
Una aventura espacial de gran calidad. 'Lightyear' se enfrenta a un reto creado por sus propios creadores, que es la altísima referencia que han establecido con sus mejores películas.
'Moonfall' recorre los senderos habituales de este tipo de historias. Emmerich intenta adoptar un enfoque más serio y profundo como director, pero no le sienta bien.
El relato espacial más intimista, menos rimbombante y más genuinamente preocupado por las emociones -lo que no implica emotivo- que se haya hecho en años.
Un film manoseado pero relativamente uniforme, de pretensiones bajas, livianito y con esporádicos momentos de aventuras en clave retro, con Indiana Jones como gran referencia.
Todo está a la vista, elementos fantásticos espectaculares pero sin sentido del espectáculo, sermoneos evangelizadores y una corrección política que de tan obvia e impostada da un poco de vergüenza ajena.
En una nueva muestra de lo que puede definirse como “ciencia ficción crepuscular”, el director de 'Memento' y la última trilogía de 'Batman' subestima la inteligencia del espectador con una trama apocalíptica que abusa de subrayados y largos parlamentos.