León de Aranoa construye un relato violento y atrapante. El resultado es un film correcto e interesante que no evade los tópicos típicos de las biopics sobre personajes oscuros que terminan en la desgracia tras su periodo de esplendor.
Un relato clásico de enfrentamiento a las adversidades con todos los vaivenes habidos y por haber. todo hasta llegar a un grand finale cuyo resultado difícilmente resulte inesperado.
Si el resultado final no es del todo convincente, es por ciertos subrayados en los paralelismos temporales y una serie de casualidades que resultan demasiado forzadas.
Un film más preocupado por exhibir sus valores de producción y tirar por la cabeza un cúmulo de referencias de los años ’80 que por construir un núcleo narrativo que evada lo tipificado e irregular.
Los gigantes de acero, como grandes protagonistas, hablan con un slang característico de la comunidad afroamericana; quizás esa sea la única huella personal que logró incorporar el director Steven Caple Jr.
Home movie, found footage, reconstrucción de un hecho trágico y traumático, y reelaboración desde el hoy para esta notable ópera prima de la cordobesa Garayalde.
Es la película nacional más emotiva en mucho, muchísimo tiempo. Esas ganas de moverle el corazón -antes que el cerebro- al espectador hacen de ella una bienvenida excepción en una cinematografía que suele abrazar la solemnidad.
Se erige como una propuesta simpática y atractiva, a la vez que un homenaje a un tiempo y a una forma de hacer y pensar el cine que se fue para ya nunca más volver.
El film de Muñoz se aparta del clásico trayecto de inicio, ascenso, superación de adversidades, apogeo y caída. En su lugar, ofrece un retrato melancólico con una estética clásica. La actuación de Natalia Oreiro es fundamental y destaca de manera impecable.
La enésima muestra de que la presencia de un grupo de actores y actrices con amplios pergaminos en el arte de la generación de risas ajenas es elemento fundamental, pero no suficiente, para una buena comedia.