'Moonfall' recorre los senderos habituales de este tipo de historias. Emmerich intenta adoptar un enfoque más serio y profundo como director, pero no le sienta bien.
El relato espacial más intimista, menos rimbombante y más genuinamente preocupado por las emociones -lo que no implica emotivo- que se haya hecho en años.
Un film manoseado pero relativamente uniforme, de pretensiones bajas, livianito y con esporádicos momentos de aventuras en clave retro, con Indiana Jones como gran referencia.
Todo está a la vista, elementos fantásticos espectaculares pero sin sentido del espectáculo, sermoneos evangelizadores y una corrección política que de tan obvia e impostada da un poco de vergüenza ajena.
En una nueva muestra de lo que puede definirse como “ciencia ficción crepuscular”, el director de 'Memento' y la última trilogía de 'Batman' subestima la inteligencia del espectador con una trama apocalíptica que abusa de subrayados y largos parlamentos.
Está menos preocupada por profundizar la mitología de todo ese universo de pulpos gigantes y miles de leyendas marinas que por construir un relato terso y entretenido, aunque por momentos acuoso y con algunos detalles inocuos.
Gray intenta establecer un ritmo narrativo trepidante al intercalar escenas dentro del avión con otras en el exterior. Sin embargo, lo que se muestra en esas escenas no aporta mucho. De hecho, la dinámica del robo evoca las peripecias imposibles de la saga 'Rápidos y furiosos'.
El actor observa por el retrovisor en un homenaje tanto a sí mismo como a la icónica Top Gun de los años 80, rescatando un estilo de filmación que desafía las normas actuales.
El director de 'La huérfana' vuelve a mostrar su pulso firme para el cine de género, esta vez con un agente de seguridad aérea en la cabina de un avión amenazado. El problema surge cuando los traumas del pasado empiezan a pesar más que la acción.
Un film físico y sudoroso que palpita al ritmo de los contorneos sensuales de Tatum y en cuyo horizonte asoma la amable posibilidad de una nueva oportunidad.
Es una de las películas más involuntariamente risibles de los últimos tiempos, a la vez que el fracaso comercial y de crítica más justificado del año que se fue.
El grado de intimidad que logra Kral revela la insalvable oposición entre Copes y Nieves: la fragilidad, la dificultad de olvidar y la tristeza crónica de ella contrastan con la suficiencia emocional y el hastío de él.
Banks, detrás de cámara, presenta una inclinación hacia lo pegajoso, mostrando dificultades para liberar a sus personajes en momentos que demandan humor, como si no lograra dominar la narrativa fragmentada y paródica que caracterizaba la producción anterior.
El resultado es un panegírico que resulta molesto no solo por su ideología, sino también por la falta de sutileza y la evidente manipulación del mensaje.
Es un producto eficaz y cautivador, con interesantes ideas visuales, que es la gran especialidad de Gilligan. Sin embargo, añade poco a un universo que ya parecía cerrado de manera perfecta.
Las razones para el resurgimiento de 'Chips' pueden ser varias, pero ninguna justifica el desgano generalizado que sobrevuela los 100 minutos de esta película, ya que se trata de una de las comedias menos eficaces en años.