Tenía todo para ser una comedia corrosiva y políticamente incorrecta, pero nunca logra definirse. Esta indecisión provoca que la película resulte fallida, a pesar de contar con buenas ideas que no logra desarrollar.
Con el punto de apoyo fundamental de un guón preciso y sin costurones, Rian Johnson dirige un típico film de "quién lo hizo" distinguido por un elenco formidable.
El relato sirve solo como pretexto para explorar el mundo y mostrar una desbordante parafernalia visual cargada de adrenalina, con un sinfín de persecuciones, tiroteos y escenas visualmente impactantes.
La película no elude ninguno de los lugares comunes del género de los superhéroes, sumándole algunas vueltas de guión que de tan casuales se vuelven arbitrarias.
Técnicamente impecable, con juegos de cámara que muestran a un director con ideas y un nivel actoral correcto, el problema de 'Madraza' es que somete todos sus componentes a un grotesco que no termina de cuajar. Y contra eso no hay rito que valga.
El film logra sostener un interés creciente gracias a un guión que dosifica no sólo la información, sino también entremezcla sus distintas vertientes con frescura y sapiencia.
Si la primera película de la saga no lograba establecer un anclaje temático coherente a lo largo de su narrativa, tres años después, la secuela presenta un problema similar. Su intento de abarcar demasiado resulta en una experiencia que, al final, se siente bastante limitada.
La nueva entrega de la serie Jackass mantiene el formato episódico característico de sus producciones, aunque en esta ocasión se apoya en una premisa argumental más simplificada, utilizando en varias ocasiones cámaras ocultas para sus escenas.
Artefacto curioso, que por momentos renguea debido a la irregularidad de sus componentes, pero en otros avanza seguro, traccionado por el placer de lo imprevisible, tiene sorpresas de las que sólo las buenas comedias se hacen cargo.
62 episodios de un vuelo narrativo y estético por momentos poético que dan forma a un thriller trepidante, descontrolado y apoteósico no exento de comedia negra.
Un film estilizado y brutal. Patel muestra claramente el tipo de cine con el que se relaciona en su ópera prima, especialmente en las impactantes escenas de acción.
Besson ofrece una variedad de tonos que va desde el humor negro hasta la solemnidad. Esta mezcla puede parecer ridícula, y en ocasiones lo es. Sin embargo, el director aborda ese absurdismo con valentía y desafío.
Wes Ball imprime un ritmo vertiginoso y se toma el tiempo necesario para describir un mundo que resulta peligrosamente similar al nuestro, lo que justifica un metraje de casi dos horas y media.
Que nadie espere revelaciones con perspectiva histórica ni tampoco un análisis del contexto, porque a Wishart le interesa una suerte de presente retrospectivo.