Un absoluto y desacomplejado entretenimiento. Tan esquemática y simplona en su entramado dramático como fantástica y alucinante en su plasmación gráfica y física de los efectos devastadores del cataclismo.
Divertida y clara. Delinea con especial precisión la descripción de ese choque entre lo tradicional y lo moderno, mostrando una evidente influencia del estilo de Pixar.
Edwards ofrece momentos de poesía y visuales de gran belleza. Sin embargo, el inconveniente es que esto se presenta solo en los últimos 30 minutos de una película de dos horas que previamente ha agotado nuestra paciencia.
Lo de menos es el argumento, una arquetípica e inflada excusa. Lo que realmente importa es la combinación de todo un subgénero cinematográfico y televisivo de los años 70 y 80, que se concentra y se presenta en un mismo producto.
Para renovadores de la arcadia y el anime. Lo mejor: Las secuencias de abordaje son una maravilla visual. Lo peor: que haya desparecido el humor de la serie.
Provoca una extraña sensación en quienes no acabamos de disfrutar de la trilogía anterior: la de, por fin, entender la vertiente lúdica, no tan grandilocuente, de la historia. Porque el mayor acierto de una película dilatada en su locura visual es hallar ese tono ligero de gran entretenimiento.
La película encierra una profunda sabiduría, encanto y un abundante cariño, con una emoción que su humor transforma en un verdadero triunfo. La grandeza de estos personajes de plástico supera incluso al talento de Jack Sparrow.
Inteligentemente fiel al cómic, de mesurada espectacularidad en el uso del 3D y los efectos especiales, "Astérix y Obélix: Al servicio de su majestad" es la más lograda de la saga, junto a la primera que firmara Claude Zidi. Goce absoluto para los fans comiqueros.
En su esencia de producto que parece priorizar el desnudo de sus actrices voluptuosas y la visceralidad del gore digital dirigido al espectador, se encuentra la sorprendente grandeza de 'Drácula 3D'.
Irreprochable cine familiar. Sin embargo, presenta muchos más elementos de interés, como su atmósfera de comedia neoyorquina que es amable, sofisticada y en ocasiones incluso bohemia y cáustica.
Una espectacular y magnífica locura. No deben perderse este filme rebosante de intensidad, humor, ira, sexualidad, diálogos memorables, influencias del western y un personaje central fascinante.
Una desprejuiciada y juguetona utilización de las posibilidades más naifs del cine: sorprender, epatar y dejar boquiabierto a base de fantasía, humor y corre-que-te-pillo.
Un lucido baño de sangre cartoon, más un manifiesto feminista al estilo pirotécnico del Sam Raimi; festejo más que un artefacto que cause verdadero daño. Destaca su progresivo desquiciamiento violento.