Una desprejuiciada y juguetona utilización de las posibilidades más naifs del cine: sorprender, epatar y dejar boquiabierto a base de fantasía, humor y corre-que-te-pillo.
Un lucido baño de sangre cartoon, más un manifiesto feminista al estilo pirotécnico del Sam Raimi; festejo más que un artefacto que cause verdadero daño. Destaca su progresivo desquiciamiento violento.
Por un lado, es muy estimulante y brillante; sin embargo, también cae en algunos de los puntos más esquemáticos y tópicos de ese melodrama que intentaba desmontar.
Reeves no logra estar a la altura al intentar imitar escenas de su modelo, mientras que brilla al reinventarlas, alcanzando un nivel notable en su enfoque, que ahora abraza sin reservas lo erótico-pubescente.
El director a menudo parece inclinarse hacia una comedia familiar conservadora. Sin embargo, destaco la vis cómica de un grupo de veteranas desinhibidas en una comedia que resulta ser mucho mejor de lo que aparenta.
Para los olvidados de Luis Buñuel en las malas calles de Martin Scorsese. Giovanessi narra, de forma vibrante, esta escalada al poder a partir de la idea recurrente de la primera vez.
Pequeñito film de género, seguramente intrascendente, pero que resulta a la postre interesante y relevante. Lo peor: su condición de fotocopia de una fotocopia.
Afortunada adaptación cinematográfica que sobresale gracias a la sobresaliente actuación de Shailene Woodley. Su interpretación es a la vez hermosa y llena de esperanza, sin dudar en ser cruda cuando la situación lo requiere.
La película es efectiva y resalta en el ámbito del cine de explotación juvenil. Sin embargo, se dispersa en tramas adicionales, algunas de las cuales no se resuelven y otras que resultan poco atractivas.
Heterogénea y fiel a la esencia peculiar de la producción australiana. Un momento destacado es el acecho nocturno del helicóptero, que resulta particularmente impactante.