En estos filmes menos destacados es donde se mantiene viva la esencia del viejo Hollywood, que se enfoca más en contar historias que en impartir lecciones a través de sus complejas narrativas.
La película presenta unos conclusivos veinte minutos de comedia brillante que complementan un estilo original y audaz, propio de un cine que ha desaparecido. Su enfoque descarado y su capacidad de auto-parodia crean una atmósfera de inusual simpatía.
Lo que comienza como una audaz comedia centrada en familias problemáticas se transforma en una reflexión tanto complaciente como seria sobre las interacciones entre amigos, parejas y la dinámica entre padres e hijos.